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El Big Data dejará paso (antes de lo que espera) al Mega Data y puede que no le guste

tener-miedoCorría el año 1965 cuando el co-fundador de Intel, Gordon Moore, pronosticaba que el número de transistores por pulgadas en los circuitos integrados se duplicaría cada 18 meses. Una tendencia que se mantendría durante al menos, las siguientes dos décadas. Le presentamos la popularmente conocida como "Ley de Moore".

Cabe señalar que en el momento en el que la teoría fue formulada, el chip más complejo que podíamos encontrar sumaba un total de 64 transistores. En la actualidad nos encontramos ya con varias decenas de millones.

Ahora el rápido avance de la tecnología hace que busquemos nuevos lugares en los que invertir por lo que cada vez nos sorprenden menos los dispositivos que llegan desde terrenos como la realidad virtual. Un escenario en el que se generan una gran cantidad de datos por lo que estamos obligados a recordar a un viejo amigo: el Big Data.

Exactamente hablamos de los algoritmos responsables de la lectura de los datos con los que poder hacer predicciones sobre comportamientos futuros. Pero, ¿quién se beneficia?

Desde el algoritmo de Google para ofrecer los mejores resultados de búsqueda a la cada vez más aclamada compra programática, la predicción no sólo del futuro sino de los comportamientos de los usuarios, es una carta que cada vez juegan más empresas. Pero son muchos los que están comenzando a alzar la voz indicando que estamos abriendo las puertas a problemas que podrían llegar a ser muy serios.

Lo primero que debemos tener claro es que si somos capaces de conocer el futuro tenemos la capacidad de moldearlo. Los propietarios de esta información cuentan con una gran ventaja sobre los competidores lo que puede reportar suculentos beneficios económicos.

Una nueva situación que queda perfectamente ilustrada en el término acuñado por la académica de Harvard, Soschana Zuboff: “capitalismo de vigilancia”. La sociedad se construye sobre la expectativa de la incertidumbre. Todo lo que hacemos se realiza sobre la base de que no tenemos ni idea de cuál va a ser el siguiente paso. He aquí la razón de la frenética carrera por la recopilación de datos con los que poder averiguar qué es lo que nos va a suceder.

Zuboff, tal y como recogen desde Marketing Magazine, apunta a que en última instancia, el objetivo de Google es el de acabar con esa incertidumbre sobre la que se han construido todas las sociedades. “Cuando acabamos con este concepto estamos intercambiando los beneficios de un futuro siempre desconocido en favor del cumplimiento de los objetivos del plan de otras personas”.

Y aquí llegamos a la preocupación mostrada por las voces de las que hablábamos al inicio del artículo: el plan pasa por la obtención de más datos. Un camino que los convierte en activos de vigilancia para dominar el codiciado arte de la predicción para transformarla en beneficios.

Google tiene el poder de cambiar nuestro comportamiento para atender a su cada vez más insaciable sed de datos que, sin darnos cuenta, está poniendo fin a nuestro libre albedrío. Algo que podría llegar a ser una amenaza incluso para el propio capitalismo dada la escala masiva que el gigante de las búsquedas posee.

No es de extrañar que ante la nueva fotografía sean cada vez más los que comienzan a hablar de “algoritmos éticos”. A medida que la tecnología y el negocio de la predicción se combinan de forma más férrea, la sociedad debe comenzar a trabajar en la innovación antes de que lo lamentemos. Le toca al usuario asegurarse que este cambio no va a ser negativo en pos del beneficio de unos pocos.

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