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Big Data, el Internet de las Cosas y privacidad

Últimamente son cada vez más los dispositivos que se conectan a internet y envían información, la información que envía cada uno de estos dispositivos es muy reducida, pero el problema se genera si toda esta información puede ser interrelacionada para crear perfiles.

Esto es algo que algunas organizaciones y gobiernos están empezando a explotar, una fuente casi ilimitada de datos que permiten crear todo tipo de estadísticas y perfiles de los usuarios y que permiten detectar amenazas de forma anticipada.

Dentro de este grupo de fuentes de información se encuentran las aplicaciones de intercambio de mensajes, como nos hicieron ver las revelaciones de Edward Snowden, existe toda una infraestructura promovida por los gobiernos occidentales para obtener información de sus ciudadanos.

Es cierto que hay grupos e individuos que utilizan este tipo de herramientas para ayudarse en su propósito de vulnerar la seguridad de los estados o de otras personas, pero también es cierto que este tipo de actuaciones vulneran derechos elementales de los ciudadanos, pero al producirse de manera transparente son difíciles de reclamar.

Siendo uno de los actores de este problema ¿cómo esperar que los gobiernos vigilen de forma eficiente y al mismo tiempo tengan la sensibilidad para proteger y no vulnerar la privacidad de sus ciudadanos?

En primer lugar, en muchos casos no existe una entidad monolítica que se pueda calificar como “los gobiernos”, se mezclan autoridades regionales, locales, organismos independientes, agencias, … en un maremágnum de organizaciones que hace muy difícil el control efectivo, pero que en muchos casos tienen acceso a muchos datos privados de los ciudadanos, a sistemas de videovigilancia, a biometrías en aeropuertos, certificados digitales, datos obtenidos en redes wifi públicas ya través de terceros…

No termina en este punto, casi todas las compañías con presencia física cuentan con cámaras de videovigilancia en las que son guardadas miles de imágenes que deben considerarse como información sensible y que a su vez están alojadas en la nube provocando la tentación de los delincuentes cibernéticos para hacer de ellas; así mismo, todas aquellas instituciones (como los bancos) que guardan los datos biométricos de las personas y que también se apoyan en los servicios de la nube, hacen de esta información un botín irresistible para muchos.

Con todos estos actores obteniendo datos, no hay problema siempre que no puedan vincularlos con las personas, ahí es donde deben comenzar nuestras medidas de seguridad.

Hemos podido observar en Hong Kong como, para evitar ser identificados los manifestantes procuraban no mirar a las cámaras y apuntaban con punteros laser para evitar que los sensores de luz enfoquen en las caras de los manifestantes, afortunadamente, estamos lejos de llegar a esos puntos y realmente la videovigilancia no es un verdadero problema en occidente, dado que hay leyes que hasta ahora nos protegen de un mal uso de este tipo de servicios.

Otra cosa es el rastreo que se puede hacer a través de ordenadores y teléfonos móviles, en este caso, la legislación tiene más dificultades para garantizar la privacidad de los usuarios, por un lado, por la velocidad con la que surgen las nuevas amenazas y porque muchas de las empresas que captan datos tienen sus sedes sociales en países distintos fuera de la aplicación de las leyes occidentales.

En este tipo de casos lo único que se puede hacer es tomar una serie de medidas para reducir la capacidad de estas compañías para obtener nuestros datos o de los gobiernos para rastrear nuestras comunicaciones, entre esta serie de medidas se recomienda:

– Usar un navegador móvil que respete nuestra privacidad (Brave, Duckduckgo, tor Browser, Firefox en modo privado, …) de forma que nos protejamos ante las cookies de rastreo.

– No permitir a las aplicaciones acceder a los datos de posicionamiento si no es absolutamente necesario.

– Evitar el uso de la misma cuenta en todos los servicios (p.e. cuenta de Google o cuenta de Facebook).

– Usar buscadores que estén especialmente enfocados en la privacidad (p.e. DuckDuckgo)

– Usar una buena conexión VPN para encriptar todo el tráfico

Siguiendo estos pequeños consejos se incrementará enormemente la privacidad de nuestros movimientos y las capacidades de rastrear nuestra actividad se reducirán en gran medida, de esta forma, aunque nuestro gobierno acceda a nuestros datos mediante las operadoras o una compañía quiera generar un perfil a través de nuestra actividad, los datos serán mucho menores e inconexos.

Nota de prensa

 

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