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Cuando los banners (además de ser feos con avaricia) supuran veneno #rpTEN

bannersEl hacker confeso Thorsten Schröder dejó ayer boquiabiertos (y casi sin habla) a los participantes en la conferencia de internet re:publica, que se celebra actualmente en Berlín (Alemania).

Schröder, que es miembro de la asociación de hackers Chaos Computer Club (CCC), accedió a través de Firefox a una página web donde podía verse en el margen superior un banner de un instituto ficticio de investigación de mercados. Hasta aquí todo normal. Menos normal fue que, tras acceder a esta página web, se activara automáticamente la calculadora del ordenador desde el que estaba proyectándose la presentación del ponente.

Si la calculadora se activó automáticamente (y casi por arte de magia) en el ordenador, fue por culpa del banner (manipulado por el propio Schröder) que podía verse en el margen superior de la web visitada previamente. “Podría haber programado del banner para activar, no la calculadora del ordenador, sino un troyano”, recalcó Schröder.

“Es el típico ejemplo de la cada vez más de moda ‘malvertising’, una mezcla de ‘malware’ y de publicidad”, explicó posteriormente Frank Rieger, colega de Schröder en el CCC.

Colgándose del brazo de la publicidad, los cibercriminales pueden cometer todo tipo de fechorías en la red de redes, denunciaron Schröder y Rieger. Algunos llegar al extremo de cifrar y secuestrar el disco duro del internauta y forzarle después a pagar para liberar su computadora, alertaron ambos expertos.

¿Cómo funciona la denominada “malwaretising”? De manera muy sencilla en realidad. Cuando una web desea emplazar publicidad en su página para ganar dinero suscribe habitualmente un contrato con una red publicitaria. Y esa red se encarga después de distribuir (de manera absolutamente descontrolada) los banners que le hacen llegar clientes que a veces poco o nada tienen de anunciantes sino más de criminales. “Las redes publicitarias no controlan suficientemente el inventario que llega a sus manos”, asegura Rieger. ¿La consecuencia? Que si en esas redes publicitarias aterriza un banner pertrechado de software malicioso lamentablemente no llama la atención y pasa el corte, explica Rieger.

A juicio de Rieger y Schröder, los tan denostados “ad blockers” no sólo sirven para dar esquinazo a anuncios deliberadamente molestos sino también para protegerse de banners potencialmente “venenosos”. Sin embargo, critica Rieger, los “publishers”, cuando se topan con alguien que accede a su web pertrechado de un “ad blocker”, lo que hacen es cerrarle el paso. Y haciéndolo pecan de irresponsables, afirma Rieger. “Muchos internautas utilizan los ‘ad blockers’ para plantar cara a la ‘malvertising’. El problema es la publicidad maliciosa y es en este problema donde deberían volcar sus esfuerzos los ‘publishers’, que se empeñan, no obstante, en poner aún más en su contra al usuario”, concluye Rieger.

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