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La mentira se pone el disfraz de la verdad en los "deepfakes"

"Deepfakes" o por qué debería desconfiar de sus propios (y crédulos) ojos en la red

deepfakes2017 pasará a la historia por ser el año de las mentiras. Las “fake news”, convenientemente metamorfoseadas en ocasiones en hechos alternativos, corretearon el año pasado a sus anchas por la red de redes.

El año 2018 es aún muy joven, pero ya le está creciendo la nariz como a Pinocho. En el año que acaba de comenzar las mentiras se cuentan a las personas (literalmente) a la cara.

Si en 2017 las “fake news” estuvieron hasta en la sopa, en 2018 los que parece que coparán todos los flashes (mentirosos) son los denominados “deepfakes”, fotografías y vídeos (habitualmente de carácter pornográfico) que, valiéndose de la inteligencia artificial, reemplazan las caras de los sujetos retratados por los rostros de otras personas (generalmente famosas).

Detrás de los “deepfakes” está un programa denominado Fakeapp que sustituye las cabezas de actrices porno por “celebrities” de manera tan asombrosamente natural que parece casi imposible detectar que en realidad se trata todo de un montaje. Las sombras son las adecuadas, los cabellos de los protagonistas caen de manera natural sobre el rostro y las miradas son de autenticidad casi pasmosa.

Pero ¿son de verdad mentiras los “deepfakes”? ¿No son quizás un mero entretenimiento para aquellos aficionados al retoque de imágenes?

En los muchísimos “deepfakes” que circulan actualmente por la red de redes están agazapados los rostros de Maisie Williams, Taylor Williams, Aubrey Plaza y sobre todo de Nicholas Cage, cuyo semblante pétreo y parco en expresiones se adapta a casi cualquier tipo de situaciones.

Lo que está claro es que convertir a los famosos, por obra y gracia de la inteligencia artificial, en protagonistas de inimaginables acrobacias sexuales no es para ellos plato de gusto (más que nada porque vulnera sus derechos de imagen). Precisamente por esta razón los “deepfakes” protagonizados por “celebrities” fueron retirados hace unos días de Twitter, Reddit, Facebook, Imgur, Gfycat e incluso de Pornhub.

Los “deepfakes”, cuyo nombre está basado (a propósito) en la denominación del sistema de reconocimiento facial de Facebook (DeepFace), no se circunscriben, de todos modos, al universo de la pornografía.

El pasado verano un grupo de científicos de la Universidad de Washington consiguió, con la ayuda de abundante material gráfico, alumbrar un “fake” de Barack Obama y convertirlo en protagonista de una entrevista televisiva que jamás tuvo lugar.

La increíble perfección de los “deepfakes” pone muchísimas preguntas (de índole inevitablemente controvertida) sobre la mesa. Si ya no podemos fiarnos de lo que ven nuestros ojos (que supone que jamás osarían engañarnos), ¿cómo saber si algo es no real? ¿Estamos abocados a vivir en un mundo de mentiras disfrazadas de verdades a las que es imposible arrancarles la careta?

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