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Lo que dice el ADN digital de la personalidad de los usuarios

Del genoma al "pantalloma": por qué la cantidad de tiempo online ya no importa

Un grupo de investigadores replantean el enfoque del estudio de la relación entre el uso de pantallas y la personalidad de los usuarios centrando la pregunta en el cómo y no en el cuánto.

ADNSi hasta ahora el tiempo invertido delante de una pantalla preocupaba a los científicos por los efectos que este podía conllevar para la salud de los usuarios, ahora la cantidad ha disminuido su importancia en favor de la calidad de la navegación.

Los científicos han dejado de poner el foco en las horas que los usuarios dedican a estar delante de una pantalla. La media de tiempo que se invierte en Facebook es ahora irrelevante para quienes creen que lo que realmente define el efecto psicológico de la tecnología es el comportamiento de cada individuo.

La experiencia digital de los usuarios está marcada por los hábitos fragmentados y cambiantes de quienes se encuentran a este lado de la pantalla y pasan de enviar un mensaje de texto a ver un capítulo de su serie favorita y después a ojear emails del trabajo en cuestión de minutos.

Es por ello que, para un grupo de científicos sociales el concepto “tiempo en pantalla”, ha quedado obsoleto por la amplitud de su definición. Para obtener un conocimiento científicamente válido es necesario entender de una manera más concreta los efectos personales de la experiencia digital.

Por ello, un estudio de este grupo de trabajo, publicado en la revista Human-Computer Interaction y que recoge The New York Times, habla del concepto “pantalloma”, un término con el que hacen referencia al ADN digital único de cada usuario y que definen como “una serie secuencial e inconexa de pantallas”.

“Lo usamos para regular nuestras emociones, equilibramos los hechos con la diversión, de nuestro propia modo idiosincrático”, explica Byron Reeves, profesor de Comunicaciones en Stanford y uno de los autores del artículo.

Es por ello que los científicos han estudiado el comportamiento de decenas de personas con unos resultados que evidencian la aleatoriedad y la unicidad de cada usuario. Los “pantallomas” mostraron el cambio de actividades continuo, de media cada 20 segundos, y ninguno de los usuarios estudiado permaneció más de 20 minutos realizando la misma actividad sin interrupción.

Ninguno de ellos presenta patrones comunes, de ahí la dificultad para analizar cómo estos comportamientos dan forma a las experiencias cotidianas. Para entender la relación del uso de las pantallas con la personalidad, los investigadores proponen tener en cuenta estos datos más concretos que contribuyen a enriquecer el contexto.

“Hay muchas variables distintas que los dispositivos pueden registrar, no solo el contenido, sino la velocidad de uso, las costumbres con el teclado, la frecuencia del cambio de sitios”, Dar Meshi, neurólogo cognitivo de la Universidad Libre de Berlín que lideró una investigación que estudia la relación entre los circuitos cerebrales y el uso de las redes sociales y la compartición de contenidos.

Asimismo, otro estudio de la Universidad de Pensilvania analizó el comportamiento de los usuarios con depresión en Facebook, antes de ser diagnosticadas, hallando correlaciones entre el lenguaje utilizado en las publicaciones con los síntomas propios de esta enfermedad con un porcentaje de acierto en la predicción del 70%.

De esta manera, para Meshi, la pregunta no se centra ahora en determinar cuánto tiempo delante de la pantalla puede ser perjudicial para la salud mental, sino que lo verdaderamente importante es descubrir “qué patrones de actividad del pantalloma son problemáticos y para quién”.

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