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Analizando el fenómeno del metaverso

¿Qué demonios es el metaverso y qué se cuece realmente en sus entrañas?

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Muchos conciben el metaverso como una suerte de espejo del mundo analógico donde se echan en falta algunas cosas (el olfato y el gusto, por ejemplo), pero donde es posible beneficiarse también de fenomenales extras (volar, ser invisible o trepar por las paredes).

La senda que conduce al metaverso está pavimentada sobre toneladas y toneladas de especulaciones y majaderías. Así quedó claro en la última edición del festival South by Southwest (SXSW), que bajó el telón el pasado 20 de marzo en Austin (Texas). Y aun así, ese metaverso que sobre cimientos tan endebles reposa a día de hoy parece abocado a dominar nuestras vidas en el futuro.

Pero, ¿en qué consiste exactamente ese metaverso que tantos litros de saliva hizo gastar a los asistentes a SXSW? Fue Neal Stephenson quien en la novela Snow Crash esbozó por primera vez allá por 1992 el concepto de metaverso. Y 25 años después Steven Spielberg plasmó en la gran pantalla su propia visión del metaverso con la película Ready Player One.

Aquel filme se quedó probablemente grabado a fuego en las retinas de Mark Zuckerberg, que tenía en mente un universo muy similar al imaginado por Spielberg en Ready Player One cuando en octubre de 2021 renombró su empresa como Meta apoyándose en vídeo de 90 segundos de duración que parecía una copia más bien desmañada de la obra de legendario director estadounidense, explica el periodista alemán Richard Gutjarh en su blog personal.

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Buceando en los orígenes del metaverso

El prefijo «meta» viene del griego y significa «más allá». A ojos de Mark Zuckerberg, el metaverso es el siguiente paso lógico en la red de redes. Y está como concebido como una interfaz operativa que no solo podemos contemplar (World Wide Web) o llevar con nosotros (internet móvil) sino en la que podemos también zambullirnos. La puerta de entrada al metaverso son gafas de realidad virtual que nos permiten adentrarnos en entornos donde se amalgaman el mundo real y los objetos de naturaleza digital.

Algunas de esas gafas están ya en el mercado, pero están lejos de ser maduras en el plano tecnológico y tardarán probablemente años en convertirse en fenómenos de masas a la altura del hoy omnipresente smartphone.

En palabras de Matthew Ball, un emprendedor canadiense especializado en tecnología, el metaverso no puede en modo alguno pararse, está vivo, sucede en tiempo real, está exento de límites en cuanto al número de participantes, es dueño de su propio ecosistema económico, combina lo digital y lo físico y lo abierto y lo cerrado, incluye objetos digitales que son transferibles e intercambiables entre plataformas y ofrece contenidos (experiencias en realidad) alumbradas por individuos, compañías y organizaciones.

Aun cuando el meteverso se desarrollara de manera descentralizada y estuviera a merced de estándares abiertos, alguien tendría que garantizar, no obstante, que se cumplen allí las reglas. En este sentido, podría ver la luz más pronto que tarde un consorcio consagrado en exclusiva al metaverso y similar a ICANN (que vela por el buen funcionamiento de la red de redes desde 1998).

Los avatares, el rostro (y la personalidad) del usuario en el metaverso

Para moverse en el metaverso el usuario necesita pertrecharse, por otra parte, de avatares que le representan en el universo digital y que le permiten interactuar con otros usuarios.

Los avatares que el usuario elige para navegar por las procelosas aguas del metaverso pueden además utilizarse en otros entornos. Y su funcionamiento es hasta cierto punto similar al de los emojis, cuyo diseño varía ligeramente de una plataforma a otra pero está convenientemente estandarizado.

En el metaverso los avatares permiten además al usuario adoptar géneros distintos a los que despliega en el mundo real y meterse incluso en la piel de animales o criaturas mitológicas.

Para prevenir eventuales hurtos de identidad el usuario podrá asimismo proveerse de sofisticados avatares verificados, cuyo desarrollo está ya en marcha.

El avatar elegido por el usuario es controlado por brazaletes que reaccionan a los movimientos de los dedos y las manos, al movimiento de los ojos e incluso a los pensamientos.

¿Qué puede hacerse en el metaverso?

Muchos conciben el metaverso como una suerte de espejo del mundo analógico donde se echan en falta algunas cosas (el olfato y el gusto, por ejemplo), pero donde es posible beneficiarse también de fenomenales extras (volar, ser invisible o trepar por las paredes). Pero en el metaverso es posible acometer también tareas absolutamente mundanas como asistir a conferencias, comprar, trabajar, jugar e incluso practicar sexo.

En vista del futuro absolutamente excitante que parece esperarnos en el metaverso, no resulta en modo alguno sorprendente que la venta de parcelas virtuales esté en la cresta de la ola en plataformas como Decentraland o The Sandbox, donde tales parcelas están alcanzando precios de varios centenares de miles de dólares.

Sébastien Borget, de Sandbox, comparó en SXSW la compra de parcelas virtuales en el metaverso con la adquisición de propiedades inmobiliarias en Manhattan allá por el siglo XVIII. ¿El problema? Que nadie sabe en realidad a ciencia cierta si The Sandbox continuará existiendo de aquí a diez años. A diferencia de lo que sucede en el mundo real, puede haber infinitas versiones de Manhattan en el metaverso. ¿Y quién dice que la versión de Manhattan en el metaverso vaya a seguir siendo relevante en los años venideros?

Los NFT, la esencia de todo en el metaverso

Más allá del metaverso, en SXSW se habló también por los codos sobre los NFT, lo que parece a bote pronto un auténtico semillero de charlatanes con las ganas de llenarse los bolsillos parapetándose tras un «hype» absolutamente desmesurado (o quizás no tanto).

Pese al nutrido ejército de charlatanes que se pegan como una lapa a los NFT, lo cierto es que los tokens no fungibles serán el pan nuestro de cada día en el metaverso que se cierne ya en el horizonte.

Los NFT son certificados digitales de autenticidad basados en la tecnología blockchain que no pueden, por ende, ser modificados o eliminados. La banca online y la propiedad, el intercambio y el comercio de bienes digitales (y también de bienes analógicos) serán regulados tarde o temprano mediante los NFT. En este sentido, los NFT terminarán siendo más importantes que el dinero, que los dólares, que los euros o que las criptomonedas. Los NFT son un pilar fundamental para dar alas a la necesaria confianza en la Web 3.

¿Quién gobernará el metaverso?

En SWSW quedó patente que todos los grandes gigantes de la tecnología (Meta, Microsoft, Google o Apple) están convencidos de que el metaverso alberga un gran potencial en sus entrañas. El camino que conduce al metaverso será, no obstante, inusitadamente sinuoso y pedregoso. El metaverso del que todo el mundo habla no saldrá del cascarón de la noche a la mañana y será hijo de múltiples evoluciones.

Con todo, y pese a que sobre el futuro del metaverso pesan no pocas incógnitas, este ya existe a día de hoy con la forma de juegos como Minecraft, Roblox o Fortnite.

Roblox es, por ejemplo, un universo habitado por alrededor de 200 millones de usuarios donde es posible jugar, aprender y entretenerse en los miles de juegos y aplicaciones que se dan cita en este cosmos. En Roblox existe también por supuesto la posibilidad comprar y vender bienes digitales que se pagan utilizando Robux como moneda.

Nuestra personalidad real y nuestra personalidad digital se fundirán quizás en una sola personalidad

Conviene, por otro lado, hacer notar que la irrupción del metaverso dará probablemente una completa vuelta de tuerca a nuestras vidas y terminará poniendo en primer plano nuestra personalidad digital y relegando a un segundo plano a nuestra personalidad real, a lo que desplegamos en el mundo real. ¿Vamos entonces a convertirnos en nuestros propios avatares o van terminar estos hurtándonos nuestra personalidad? Arnold Ma, de la agencia de marketing chino-británica Qumin, responde a esta pregunta con un rotundo «sí». «Es un pensamiento bastante extremo, pero creo que es algo que sucederá», asevera.

Los avatares serán nuestra marca personal, nuestra tarjeta de visita en el metaverso. Y en vista de su importancia tiene todo el sentido del mundo volcar mucho tiempo y dinero en el diseño de nuestro avatar, que va más allá de su apariencia física y está definido también por su personalidad y su historia. Aquí es precisamente donde el metaverso nos brinda la posibilidad de crear una mejor versión de nosotros mismos y reinventarnos a nosotros mismos en el proceso.

En vista en los truculentos y estrambóticos acontecimientos a los que hemos asistido en los últimos años cabe preguntarse si todo lo que nos ha tocado vivir últimamente no será parte de algún delirante metaverso y si el mundo real (más cuerdo) no nos estará esperando quizás en alguna parte. A veces la realidad supera la ficción y tal vez el metaverso que con tanto afán usurpa nuestros pensamientos sea ya nuestra cárcel (disfrazada de realidad), concluye Gutjahr.

 

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