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Jamshid Alamuti (CEO y cofundador de Pi School) - c de c 2018

Despojando a la inteligencia artificial de la máscara de vil demonio de la creatividad

Jamshid Alamuti, CEO y cofundador de Pi School, ha navegado hoy en el Día C del Club de Creativos en las abisales profundidades del tándem formado por creatividad e inteligencia artificial en la comunicación.

inteligencia artificialPor qué la inteligencia artificial y la creatividad son los dos afluentes de un mismo río: la comunicación

Ribeteado de múltiples y polifacéticos talentos, Jamshid Alamuti no tiene miedo a explorar y brújula disruptiva en mano se ha adentrado en territorios profesionales de los más variados, desde las artes a los negocios pasando por el desarrollo educativo y personal.

Con una amplísima experiencia corporativa sobre sus espaldas, Alamuti es un un hombre extraordinariamente versado en el desarrollo del liderazgo, la gestión intercultural, la consultoría estratégica y la moderación grupal.

La pericia de Alamuti aglutinando a personas dueñas de talentos diferentes le llevó a levantar la primera piedra de Pi School, una escuela de emprendimiento donde tecnología y creatividad son las dos caras de una misma moneda.

Sobre la necesaria amalgama de tecnología y creatividad ha versado precisamente la ponencia que el CEO y cofundador de Pi School ha impartido hoy en el Día C del Club de Creativos.

Alamuti dice que la tecnología y la creatividad, cuando se amanceban, tienen un "bebé" que se llama innovación, que es precisamente la materia prima de trabajo de Pi School, que es totalmente contraria a la enseñanza jerárquica tradicional.

"Nosotros no aprendemos basándonos es conceptos, nos centramos en ofrecer soluciones a los problemas que tenemos frente a sí", dice Alamuti.

Una diferencia básica entre la creatividad y la tecnología es que la primera, a diferencia de la segunda, es absolutamente mágica. Por otra parte, la creatividad llega un momento en que se aburre de aprender, la tecnología no conoce, en cambio, el tedio cuando hay conocimiento de por medio.

Los datos, uno de los nutrientes esenciales de la tecnología, son algo que, insiste Alamuti, siempre ha estado allí. "Simplemente es que ahora se está empezando a hablar de ellos", dice.

En cuanto a la inteligencia artficial, otra de las grandes protagonistas de la actual escena tecnológica (si no la principal), Alamuti cree que es simplemente un clon de la mente humana, pero es dueña de una ventaja de la que ésta adolece: la asombrosa rapidez con la que trabaja

La inteligencia artificial es la columna vertebral en torno a la que pivotan otras tres ciencias que se retroalimentan entre sí y que son las que marcan el compás de la actual escena tecnológica: Big Data, Data Science y Machine Learning.

Pese a ser en muchos sentidos muy poderosa, la tecnología puede también corromperse, advierte Alamuti. ¿Y cómo se corrompe ese "Big Four" integrado por inteligencia artificial, Big Data, Data Science y Machine Learning? Alimentándolo con datos falsos, algo que es asombroso sencillo, confiesa el cofundador de Pi School.

A la hora de enfrentarse a las tecnologías, los humanos se enfrentan a un dilema: apostar por los transparencia y los datos o hacer predicciones y suposiciones.

Una cosa está clara, de todos modos: el ser humano, ese que tan minúsculo parece frente a las máquinas, es superior desde el punto de vista del intelecto, de las habilidades creativas, de la eficiencia y de la efectividad.

Sin embargo, hay una cosa en la que las máquinas sí consiguen dar patadas en las espinillas a los humanos: el tiempo o más bien las escasez de tiempo. "Las máquinas pueden ayudar a los humanos a gestionar mejor el tiempo", indica.

Los seres humanos, dice Alamuti, son impredecibles. Y la inteligencia artificial tiene, sin embargo, el poder de predecir, de anticiparse al futuro.

Desde el punto de vista de Alamuti no hay amenaza alguna por parte de la a menudo demonizada inteligencia artificial hacia la creatividad. Lejos de ser enemigas irreconciliables, una y otra están obligadas a colaborar, insiste.

"Los copywriters, por ejemplo, no tienen por qué temer por su trabajo. Más difícil lo tendrán, no obstante, los traductores, cuyo oficio sí está en peligro de extinción", admite Alamuti.

Antaño los únicos que eran guays eran los creativos. Ahora también son extraordinariamente "cool" los "coders", a los que Yves Saint Laurent convirtió, de hecho, en protagonistas de una campaña. Dejarán, de todas formas, de ser "cool" cuando las máquinas (más pronto que tarde) asuman sus labores, afirma Alamuni.

La inteligencia artificial está evolucionando a un ritmo vertiginosamente veloz y se llevará por delante a industrias como la logística, pronostica Alamuti. Otro campo donde la inteligencia artificial gritará muy alto y muy fuerte en el futuro (pero en clave positiva) será el de la medicina.

Lejos de ponernos piedras en el camino, la inteligencia artificial, aquella que, según algunos, va a dejar huérfanos de trabajo a los creativos, nos está ayudando a solventar problemas y a hacer del mundo un lugar mejor, concluye Alamuti.

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