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Así echan gasolina los titanes tecnológicos a la perversa maquinaria de la vergüenza

Digital MarketingLa vergüenza es un lucrativo negocio en la red de redes

El lucrativo negocio de la vergüenza en la red de redes

Así echan gasolina los titanes tecnológicos a la perversa maquinaria de la vergüenza

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

La vergüenza es tan universal como omnipresente y como negocio echa anclas en toda una pléyade de ámbitos de actividad.

La vergüenza es un sentimiento humano extraordinariamente poderoso. Quien se encuentra en posición de avergonzar y humillar a alguien hace gala de una supremacía de dimensiones absolutamente colosales. Y aquel que sufre, por otra parte, en sus propias carnes la vergüenza y el escarnio público no tiene habitualmente posibilidad alguna de defensa, en particular cuando la afrenta tiene lugar el abrigo de las redes de redes y en ella están involucrados titanes tecnológicos absolutamente intocables.

En torno al lucrativo negocio de la vergüenza pivota precisamente el último libro de la escritora y matemática Cathy O’Neil. Tras publicar en 2016 el bestseller Armas de destrucción matemática en 2016, la estadounidense publica ahora otra obra con madera de superventas: The Shame Machine: Who Profits in the New Age of Humiliation.

Desde el punto de O’Neil, la vergüenza es un sentimiento emancipado de las fronteras y su naturaleza es, por ende, universal. Sin embargo, «la vergüenza aflora siempre en relación con una norma. Y las normas no son necesariamente universales. Quienes son víctimas de la vergüenza se sienten huérfanos de valía y de estima por parte de su propia comunidad», explica O’Neil en una entrevista concedida a The Guardian.

La vergüenza es tan universal como omnipresente y como negocio echa anclas en toda una pléyade de ámbitos de actividad. Una maquinaria de la vergüenza particularmente habitual es, por ejemplo, el ramo de la cosmética, que avergüenza deliberadamente a las mujeres por parecer mayores. Pero también los gigantes de internet explotan la vergüenza en su propio beneficio mediante las interacciones que tienen lugar en sus dominios.

La vergüenza es un negocio extraordinariamente fecundo (y lo es en múltiples ámbitos de actividad)

«Los algoritmos son optimizados para colocar sobre los focos aquello que más excita a los humanos. Y ello se traduce normalmente en apoyarse en el ultraje para dar alas a la vergüenza», dice O’Neil.

La vergüenza que con tanta frecuencia asoma la pata en la red de redes puede ser dañina, pero también beneficiosa, y es preciso, por lo tanto, distinguir adecuadamente entre uno y otro tipo de vergüenza. «Si avergüenzas a alguien que no se atiene a la norma o no tiene voz, la vergüenza es en este caso inapropiada y termina metamorfoseándose en ‘bullying’ puro y duro. En cambio, si avergüenzas a alguien por algo que ha escogido hacer contra la norma y la persona en cuestión tiene oportunidad de defenderse, la vergüenza sería apropiada y no podríamos catalogarla de ‘bullying’«, subraya la autora.

A medio camino entre uno y otro tipo de vergüenza se situaría, por ejemplo, la famosa escritora J.K. Rowling, que aun siendo poderosa y tener, por ende, la oportunidad de defenderse, ha sido víctima de una las campañas más atroces de desprestigio en la red de redes por sus controvertidos puntos de vista sobre las personas transgénero.

La vergüenza de la Cathy O’Neil habla en su libro está estrechamente emparentada con la denominada cultura de la cancelación, que ha acabado trocándose en tan común que instila en la gente verdadero pavor a expresarse públicamente y a equivocarse.

 

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