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El "ad blocking", ¿Robin Hood o ladrón a secas?

ad blockingLa popularidad de los «ad blockers» continúa subiendo como la espuma y los dolores de cabeza que estos programas provocan a «publishers» y anunciantes amenazan con convertirse en una migraña crónica.

En Alemania, por ejemplo, y según datos manejados por la consultora Goldmedia, el 40% de los internautas se ha subido ya al carro de los «ad blockers». Entre los jóvenes de entre 18 y 29 años este porcentaje, ya de por sí preocupante, pega el estirón hasta llegar al 60%.

Está claro que los “ad blockers” se están ganando el corazoncito de los internautas, pero ¿qué están haciendo los “publishers” ante semejante amenaza? Algunos están haciendo algo tan simple como “comprar” (con sustanciales sumas de dinero) a sus enemigos. Es el caso de Google, Amazon y Microsoft que pagan a las empresas que están detrás de los “ad blockers” para que éstas hagan la vista gorda y les hagan hueco en sus “listas blancas” (o listas de “publishers” sin publicidad intrusiva). Las cifras que Google y compañía ponen en manos de los “ad blockers” son un misterio, pero se estima que agasajarían a sus “enemigos” con el 30% de los ingresos publicitarios adicionales que generan gracias a su “soborno” a los bloqueadores de publicidad.

Algunos contemplan el tan de moda “ad blocking” como una suerte de Robin Hood que ha liberado a los internautas de la tiranía de las toneladas y toneladas de publicidad manifiestamente mala que hay en la red de redes.

En principio, los “ad blockers” reciben única y exclusivamente dinero del 10% de las webs que se abren paso en sus codiciadas “listas blancas”. Y no sólo eso. Los daños que de verdad provocan a los “peces gordos” de la publicidad online no son más que “calderilla”. Como Robin Hood, el “ad blocking” lleva la nobleza en su ADN (¿o es todo una pose y es en realidad un ladrón a secas?). Los “ad blockers” son cebollas con muchas capas y a día de hoy sólo hemos pelado las capas más superficiales.

Robin Hood o ladrón a secas, lo cierto es que los “publishers” y organizaciones como IAB tienen motivos de sobra para aborrecer al “ad blocking”. Su negocio publicitario se tambalea por culpa de la pujanza de los “ad blockers”.

Sin embargo, el boom de los “ad blockers” no trae única y exclusivamente noticias negativas bajo el brazo para los “publishers”. Agobiados cada vez más el “ad blocking”, muchos “publishers” están haciendo lo que deberían haber hecho ya desde años: buscar alternativas a la publicidad online como fórmula de financiación. Alternativas que no sólo pasan por los “paywalls” sino también por quioscos digitales como Readly o Blendle donde el usuario puede comprar los artículos que desee y leerlos después tranquilamente sin la publicidad como inseparable (e irritante) compañera de viaje.

Otra lección que los “publishers” y los anunciantes harían bien en aprender del ascenso a los altares de los “ad blockers” es que, si los usuarios se cuelgan del brazo de estos programas, es porque están hartos de que la publicidad, más allá de ser mala hasta la médula, les acose constantemente cual “stalker”. El apasionado romance que viven actualmente los internautas con los “ad blockers” tendría unos cuantos grados menos de temperatura si la publicidad fuera buena (o por lo menos no tan bochornosamente mala). De hecho, sin publicidad mala, los “ad blockers” no habrían salido quizás nunca del cascarón.

La diferenciación ya no está en su producto sino en la experiencia que ofrece su marca #EnamoraMKDAnteriorSigueinteEntrevista a Brigitte Bauer, directora general de Netsales

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