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El ciberataque de Sony o el arte de hacerse el "harakiri" utilizando el miedo como puñal

The Interview¿Qué hay detrás del sonado ciberataque sufrido hace unas semanas por Sony? ¿Un puñado de emails filtrados? ¿Amenazas terroristas? Hay eso y mucho más. En realidad todos los que han visto salpicados por este ciberataque han salido “escaldados”. El único que tiene en estos momentos motivos para sonreír en este auténtico culebrón es el líder norcoreano Kim Jong-un.

¿Una de las víctimas del escándalo? El mismísimo Brad Pitt, cuya nueva película Corazones de acero, aterrizó en la red de redes antes que en la gran pantalla por culpa de los hackers.

Otros que se han visto en el ojo del huracán durante las últimas semanas han sido los directivos de Sony, cuyos email privados, algunos con contenidos muy “jugosos”, están a la vista de todos en internet. Mucho han dado que hablar, por ejemplo, la venenosa inquina que demuestra Amy Pascal, vicepresidenta de Sony Pictures, hacia Angelina Jolie en sus correos electrónicos privados.

Sin embargo, desde que Sony anunciara este jueves su decisión de cancelar el estreno de The Interview, una sátira sobre Corea del Norte protagonizada por Seth Rogen y James Franco, el escándalo desatado a raíz del ciberataque sufrido hace unas semanas por la compañía se ha convertido en una auténtica “bomba”.

El escándalo tiene al menos tres dimensiones. Una dimensión en puramente económica. Tras el ciberataque a Sony se le han ido por el desagüe no sólo miles de millones de dólares sino también su propia imagen, muy maltrecha desde que los hackers decidieran husmear en sus ordenadores. El puesto de Amy Pascal, vicepresidenta de la compañía, pende, por ejemplo, de un hilo desde que los hackers echaran el guante a sus correos electrónicos privados.

La segunda dimensión del escándalo tiene como protagonistas a los medios de comunicación, unos medios de comunicación que de alguna manera han bailado el agua a los hackers haciéndose eco de los a menudo vitriólicos (y racistas) emails de los máximos directivos de Sony. En este caso, como ya ocurriera con los fotos de desnudas famosas, no se ha respetado el derecho a la intimidad de los afectados, que por muy racistas que sean, disfrutan también de este derecho universal.

De todos modos, es la tercera dimensión del escándalo, la política, la que más está dando que hablar. Que Sony haya decidido cancelar el estreno de la controvertida película The Interview por temor a unos supuestos ataques terroristas que el Departamento de Estado de Estados Unidos no ha llegado en ningún momento a confirmar es cuanto menos llamativo. Hollywood está acostumbrado a toparse con el monstruo de la censura fuera de sus fronteras, pero que la censura venga de dentro es algo no sólo sorprendente sino también complemente inaudito.

Quien debe tener, eso sí, una sonrisa de oreja a oreja pintada en el rostro en estos momentos es Kim Jong-un, una sonrisa que luce no tanto por su inteligente “estratagema” sino más bien por la mansedumbre de Sony, que se ha dejado amedrentar por unas amenazas vagas a todas luces, y por los medios de comunicación, que se ha convertido inevitablemente en cómplices de los hackers.

Aparentemente todopoderosos, las grandes empresas y los medios de comunicación son en realidad muy fáciles de engañar.

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