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El escándalo de Facebook y Cambridge Analytica era previsible

El escándalo de Facebook es la consecuencia de una larguísima retahíla de errores

El escándalo de Cambridge Analytica era inevitable teniendo en cuenta la larga cadena de errores que lleva cometiendo Facebook y demuestra que la legislación se queda anticuada en un mundo online.

facebookLos escándalos corporativos no salen de la nada. Las empresas rara vez se ven envueltas en estas cuestiones por accidente, sino por una serie de malas decisiones, y la confianza se agrieta con la arrogancia. Lo mismo sucede en el caso de Facebook y Cambridge Analytica.

A principios de 2014, 270.000 personas hicieron una “prueba de personalidad” online que parece haber dado como resultado la filtración de información de 50 millones de usuarios de Facebook, lo que violaría la política de Facebook sobre utilización de datos por terceros con fines comerciales. Pero es que, para echar más leña al fuego, Facebook no alertó a los usuarios, tomando solo unos limitados pasos para recuperar y proteger los datos, como cuenta John Harris en TheGuardian.com.

El martes, a medida que el valor de la plataforma caía, la trama se volvió más compleja con la intervención de Sandy Parakilas, ex jefe de operaciones de la red social entre 2011 y 2012, que señaló haber advertido en su momento a los ejecutivos de Facebook sobre los abusos producidos en los datos personales. Parakilas aseguró, además, que no se hizo nada por evitar una brecha de datos.

Pero el caso Cambridge Analytica ha descubierto una cuestión que estaba debajo de la alfombra pero que es fundamental debatir. Como muchos usuarios saben pero la mayoría prefiere olvidar, detrás de los mensajes de aliento de Mark Zuckerberg y de las fotos de vacaciones, los empleados de la red social trabajan incansablemente para acumular la mayor cantidad posible de datos y así ganar grandes cantidades de dinero facilitando la segmentación a los anunciantes.

Por lo tanto, si usa sus servicios para atesorar los pequeños detalles de su vida, lo más probable es que Facebook lo sepa absolutamente todo de su familia, amigos, educación, política, hábitos de viaje, gusto para vestir y decenas de cosas más. Todo ello acrecentado por el hecho de que la mayor parte de los usuarios no saben cómo restringir el acceso a sus datos e ignorar los avisos de privacidad.

Al fin y al cabo, todo ello es la razón de ser de Facebook. Zuckerberg solía hablar, haciendo alusión a su impulso por la omnisciencia, de la transparencia radical, una idea que equivalía a insistir en que las viejas ideas sobre la privacidad se quedaban anticuadas. Declaraciones como esas solo alentaban la llegada del desastre.

Mark Zuckerberg ha dado la impresión de que no puede mantener el ritmo, ni siquiera el suyo propio. El CEO de Facebook señaló, al principio, que la idea de que la red social hubiera tenido un papel relevante en el resultado de las elecciones estadounidenses era “una locura”, retractándose después. Ante la sombra de Twitter, Zuckerberg insistió que su trabajo era facilitar que las personas compartieran “momentos personales”.

Pero lo cierto es que la red social se comporta en muchas ocasiones como un gobierno, enviando “auditores” que examinen el material a las oficinas de Cambridge Analytica mientras los investigadores británicos todavía estaban esperando el permiso legal para hacer lo mismo. Es más, según los informes, exigían acceso al teléfono y al ordenador de Christopher Wylie.

Zuckerberg, al igual que la COO Sheryl Sandberg, brilla por su ausencia. Aunque una declaración emitida por ambos aseguraba que estaban “trabajando noche y día para obtener los datos y tomar las medidas adecuadas para salir adelante”. Pero su argumento de que fueron “engañados” resulta algo ridículo.

Incluso aunque la mayoría de los usuarios todavía cedan alegremente sus datos a Facebook, en los últimos años cada vez más personas exigen a gobiernos y legisladores que pongan en vereda a la red social. El RGPD de la Unión Europea puede ser un paso en la dirección correcta, junto al trabajo de la comisión federal de comercio estadounidense.

En Estados Unidos, las acciones antimonopolio solo tienen éxito si se puede encontrar que la compañía supuestamente monopolítica ha afectado al bienestar de los consumidores en términos de la calidad de los productos y servicios a los que pueden acceder, los niveles de innovación del sector económico o los precios que deben pagar. Facebook refleja que estas reglas se han quedado anticuadas en un mundo online.

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