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El euro tiembla ante las nuevas monedas virtuales

¿Qué tienen en común la sal, el oro, la plata, un papel firmado, un papel impreso, un trozo de plástico con una banda magnética y una Bitcoin? Que todos ellos han sido utilizados como forma de pago alguna vez en la historia.

Lo que comenzó siendo un simple trueque, ha acabado por convertirse en dinero que no existe físicamente, que no podemos tocar. Y es que con el avance de internet, era solo cuestión de tiempo que se inventara un sistema de pago, no adaptado a la red, sino propio de la red.

De esta manera han comenzado a surgir varias formas de pago alternativas que escapan al control de los gobiernos y bancos mundiales. Dos de los ejemplos que con más fuerza están resonando en internet son el Bitcoin y el Drago.

Bitcoin o P2P, es una moneda electrónica descentralizada ideada por el que se ha dado a conocer como Satoshi Nakamoto, aunque se desconoce su verdadera identidad. A diferencia de la mayoría de las monedas, el funcionamiento de Bitcoin no depende de una institución central, sino de una base de datos distribuida; esto quiere decir que el intercambio entre usuarios se hace sin la intermediación de un banco o cualquier otra entidad. El usuario va acumulando monedas virtuales a partir de trabajo almacenado, como un salario que varía en función del trabajo y con el que luego pueden comprarse todo tipo de productos.

El Drago, como el Bitcoin, es una moneda virtual de uso inicialmente online que funciona a través del Dragobanco, su propio banco, que no es más que una aplicación que permite hacer transacciones de bienes y servicios sin usar euros. La diferencia es que en este sistema, los dragos sí se apoyan en los euros ya que para acceder a estas monedas es necesario registrarse y comprar Dragos, costando cada uno 0.5 euros.

Juan Merodio, experto en redes sociales, destaca que para que cualquier nueva moneda se use de forma masiva solo hace falta un ingrediente: la viralización. O en términos económicos, lo que hace de un sistema de pago individual, una forma de pago colectiva es la confianza que las personas tienen en el poder de adquisición de esa moneda. Si cada día más usuarios empiezan a confiar en los Dragos o los Bitcoins, las monedas virtuales podrían empezar a sustituir a las euro o al dolar.

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