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¿Todos contra el cerebro reptiliano de Silicon Valley?

El festival SXSW, ¿el antídoto contra el tóxico cerebro reptiliano de Silicon Valley?

Las plataformas digitales apelan a una parte del cerebro humano, el denominado cerebro reptiliano, que es directamente responsable de las emociones, los comportamientos adictivos y las pulsiones humanas.

silicon valleyAllá por 2015 muchos le habrían endilgado a Tristan Harris la etiqueta de “esotérico”. Por aquel entonces Harris, un joven desarrollador de software de San Francisco que había dejado su trabajo en Google, iniciaba una desintoxicación digital y advertía (a todo aquel que quisiese escucharle) que las redes sociales podían controlar, prácticamente a su antojo, los pensamientos de 2.000 millones de personas.

Tres años después Harris tiene la vitola de ser la conciencia (buena) de Silicon Valley y centenares de personas quisieron escuchar el pasado viernes lo que éste tenía que decir sobre la maléfica digitalización en el festival South by Southwest (SXSW). Sin embargo, los que esperaban como agua de mayo la conferencia de Harris en Austin (Texas) se quedaron lamentablemente con las ganas, puesto que el joven gurú canceló finalmente su ponencia.

Aun así, y pese a que Harris no esté presente (en carne y hueso) en Austin, sí lo está su pensamiento. Varias de las ponencias del SXSW tienen el foco puesto este año en el lado más sombrío de la tecnología, en particular de la emanada de las redes sociales.

En Austin muchos reclaman volver a tener el control sobre su vida (digital) y demandan una ética de diseño de nueva hornada (la misma que Silicon Valley ha dejado en la estacada en los últimos tiempos).

Durante los últimos meses han arreciado las críticas contra plataformas como Facebook, Instagram y YouTube. Sean Parker, el que fuera presidente de Facebook, aseguraba hace no mucho que la rede de redes estaba concebida para “aprovechar las debilidades de la psique humana”. El escritor Franklin Foer habla en su último libro de “un mundo sin cabeza” y Tristan Harris tiene el pleno convencimiento de que los desarrolladores de tres empresas (Facebook, Google y Apple) juegan con la atención de miles de millones de personas (a las que manejan como a marionetas).

“Las plataformas digitales apelan a una parte del cerebro humano, el denominado cerebro reptiliano, que es directamente responsable de las emociones, los comportamientos adictivos y las pulsiones humanas”, explica la diseñadora de interfaces Elayne Safir en un panel celebrado en el marco de la presente edición del festival SXSW. Safir forma parte de un grupo de diseñadores y desarrolladores que se hace llamar Choice Architects y que pone bajo la lupa los problemas de las redes sociales, las apps y las webs.

Uno de esos problemas son, a juicio de Safir, los denominados “dark patterns” o patrones oscuros. Tales “darks patterns” son decisiones de diseño cuyo último objetivo es que el usuario emprenda algún tipo de acción (para llenar en último término los bolsillos de las plataformas digitales).

“Dark patterns” son, por ejemplo, los “likes” omnipresentes en prácticamente todas las redes sociales. En un principio los “likes” sirven para recompensar a aquellos posts que se las ingenian para agradar al público que se topa de bruces con ellos. Sin embargo, el principal cometido de los “likes” es que los usuarios se conecten una y otra vez a las redes sociales para recibir pequeñas inyecciones de endorfinas (las que regurgitan permanentemente los clics en el botón “me gusta” que tienen a bien recibir sus publicaciones).

“Cuanto más datos disponemos sobre el comportamiento online del usuario, más información obra en nuestro poder sobre sus decisiones irracionales”, señala Laura Bugeja, diseñadora de interfaces de Google.

Esa información puede utilizarse para mejorar el producto que llega a manos del cliente. Pero en muchos casos se emplea para clavar el aguijón al usuario e instalarle a hacer (en nombre del cerebro reptiliano) algo que en realidad no desea.

Desde el punto de vista de Tristan Harris, en buena parte de las ubicuas plataformas 2.0 “nuestra conciencia es secuestrada”. “La tecnología determina en buena media aquello en lo que 2.000 millones de personas piensan o creen cada día”, asegura Harris en una entrevista concedida a la revista Wired. Y las consecuencias son tanto físicas (la influencia en los lapsos de atención del individuo) como sociales (el dominio sobre las relaciones).

Una parece estar clara en Austin, convertida estos en la meca mundial de la tecnología, y es que para resolver los problemas que hay enroscados en torno al pescuezo de la digitalización se precisa un cambio de pensamiento absolutamente radical.

Y ese cambio de pensamiento va inevitablemente colgado del brazo del diseño ético. Un diseño ético que conmina a todos aquellos que ofrecen servicios digitales, apps y páginas web a reflexionar sobre las consecuencias de tales servicios, apps y webs.

La premisa del diseño ético suena extraordinariamente lógica, pero en la era de los algoritmos, los impuestos por las redes sociales, parece haber quedado completamente en el olvido.

Harris cree que los desarrolladores de nuevas tecnologías tienen que cambiar urgentemente el chip y en lugar de forzar al usuario a invertir cada vez más tiempo en técnicas de índole manipulativa, deberían ayudar a éste a hacer un “mejor” uso de ese tiempo.

También Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, desea que los usuarios de la red social más grande del mundo inviertan mejor el tiempo en esta plataforma. Y a juicio invertirán mejor ese tiempo si interactúan más intensamente con sus amigos y familiares en Facebook.

Que los usuarios hagan un mejor uso de su tiempo radica, desde el punto de vista de Harris, en renunciar por completo a la perversa influencia de Facebook. Quizás la solución a los problemas que corroen por dentro a la red de redes pase por la fusión de las propuestas (a priori irreconciliables) de Zuckerberg y Harris.

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