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El porqué de la "enemistad" de las relaciones públicas con internet

El porqué de la "enemistad" de las relaciones públicas con internetLos profesionales de las relaciones públicas tropiezan a menudo en su trabajo diario con un malentendido: el creer que internet y las redes sociales representan el mundo “virtual” y que los medios tradicionales son, por el contrario, embajadores del mundo “real”. La realidad es, sin embargo, a la inversa, asegura Sascha Lobo en Spiegel.

La “enemistad” de las relaciones públicas con la red de redes se remonta a principios de siglo XX. Por aquel entonces, Ivy Lee, considerado padre de las relaciones públicas modernas, convirtió las notas de prensa en el instrumento de comunicación más importante de las empresas e instituciones con el público. Un siglo después, las notas de prensa siguen siendo importantes, pero no pueden ser consideradas herramientas de comunicación con el público. Son meros “señuelos” empleados por los profesionales de las relaciones públicas para intentar convencer a los periodistas de que comuniquen una determinada noticia al gran público, subraya Lobo.

Las notas de prensa son, en realidad, un símbolo del mundo “irreal” que representan los medios de comunicación de masas. Y el corazón del mundo “real” palpita hoy por hoy en internet, recuerda Lobo.

A pesar de que su nombre sugiere todo lo contrario, las relaciones públicas, tal y como las concibió hace casi un siglo Ivy Lee, no logran conectar con el gran público. Su objetivo no es el mundo real, sino el mundo “artificial” de los grandes medios de comunicación de masas.

En las relaciones públicas la comunicación con el público es indirecta y el intermediario es siempre el periodista, explica Lobo. En cambio, en internet y en las modernas redes sociales no hay intermediarios. La comunicación en estos canales fluye sin ningún tipo de cortapisas y es completamente directa.

Además, en la Web Social, a diferencia de en los medios clásicos, el torrente de información es enorme, tanto que muchos profesionales de relaciones públicas, acostumbrados a “navegar” en aguas más tranquilas y menos caudalosas, terminan siendo engullidos por el maremágnum 2.0.

Como ha quedado demostrado en la fallida campaña de relaciones públicas de Burson Marsteller contra Google, en la era digital no basta con tener una buena agenda periodística para conectar con el gran público. Tales artimañas han quedado “obsoletas” y sólo funcionan en el previsible universo mediático del siglo pasado, concluye Lobo.

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