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¿Será clonado el RGPD al otro lado del charco?

El RGPD, un terremoto "techie" cuyo epicentro está lejos (por una vez) de Silicon Valley

El nuevo Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), que entra hoy en vigor, podría convertirse en un modelo a seguir al otro del charco (tan renuente habitualmente a proteger los datos personales).

rgpdEn Estados Unidos a las normas relativas a la protección de datos se les cuelga alegremente la etiqueta de “asesinas” de la innovación. La élite de Silicon Valley está particularmente presta a zafarse de toda legislación dispuesta a “estrangular” los sacrosantos datos. Al fin y al cabo, buena parte del éxito de gigantes como Google, Facebook, Amazon y compañía echa raíces en los datos.

Al otro lado del charco los colosos “techies” facturan cifras multimillonarias y lo hacen con la connivencia de Washington. Cuando en 2016 la Comisión Federal de Telecomunicaciones (FCC) se dispuso a imponer reglas más estrictas a las empresas tecnológicas, sus intentos fueron convenientemente masacrados por los poderosos “lobbies” que están allende los mares detrás de los titanes “techies”.

De Europa y de sus intentos por meter en vereda los datos los “jefazos” de las grandes empresas tecnológicas se ha reído abiertamente en múltiples ocasiones. Sin embargo, la vida da muchas vueltas y la vieja Europa, donde hoy entra en vigor el nuevo Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), podría acabar convirtiéndose en modelo a seguir para los mucho más díscolos (en materia de protección de datos) Estados Unidos de América.

Al RGPD que hace hoy irrupción en el viejo continente y que pretende proteger de manera más adecuada y uniforme la información personal de consumidor no pueden sustraerse tampoco las grandes empresas tecnológicas que son originarias de Estados Unidos.

Al fin y al cabo, el RGPD se aplica también a las compañías extranjeras que operan en tierras europeas. Y quienes insistan en regatear la nueva norma se arriesgarán a ser sancionados con multas equivalentes al 4% de su facturación anual.

El RGPD quiere devolver al consumidor la soberanía sobre sus propios datos personales y parece que la norma, de la que muchos hicieron chanzas en su momento, podría inocular el virus del cambio hasta en aquellos más favorables al libre albedrío en lo referente al uso de los datos personales del usuario. “Estados democráticos de todo el mundo están tomando el nuevo RGPD como inspiración”, se congratula Vera Jourova, comisaria de Justicia de la Comisión Euroopea.

“La nueva norma de la EU ayudará e inspirará también en cierto modo a los estadounidenses”, asegura el político demócrata y ex director de la FCC Tom Wheeler en The New York Times.

A partir de hoy Facebook, Google y todos aquellos servicios que recopilan información de carácter privado concederán a los europeos el derecho a proteger sus datos personales, el mismo derecho que niegan, sin embargo, a los estadounidenses (que no tardarán probablemente en poner el grito en el cielo).

“En un mundo conectado en el que los códigos digitales no respetan fronteras geográficas ni nacionales el nuevo RGPD tendrá repercusiones muy positivas a escala global”, subraya Wheeler.

Para los ciudadanos europeos la nueva legislación es un triunfo (o eso argumentan algunos). Disfrutarán, no en vano, de una mayor protección sobre su esfera privada, tendrán un mayor control sobre sus datos y podrán ejercer el denominado derecho al olvido. Además, si sus datos personales se ven comprometidos de alguna manera, los ciudadanos europeos tendrán derecho a ser informados por parte de las empresas responsables.

Para quienes allende los mares son firmes defensores de una mayor protección de los datos el nuevo RGPD es música para los oídos. “El Nuevo Mundo debe aprender del Viejo Mundo”, subraya Wheeler en The New York Times.

Desde que hace un par de meses estallara el caso Cambridge Analuytica, que afectó a los datos personales de 87 millones de usuarios de Facebook, en Estados Unidos están poco a poco, pero sin pausa, cambiando de parecer en lo referente a la protección de datos.

Y las primeras demandas de normas más estrictas para proteger adecuadamente los datos personales se han escuchado (de manera alta y clara) al otro lado de Atlántico.

Tim Cook, CEO de Apple, fue uno de los primeros en distanciarse públicamente de Facebook y de su laxa política de privacidad y proclamar a los cuatro vientos que “la esfera privada es un derecho humano”.

También Google, que en el primer trimestre del año volvió a llenar hasta la bandera sus arcas gracias en gran parte a los datos personales, ha adoptado un posicionamiento algo más sereno en relación con la protección de la información de carácter personal. Y en una conferencia con los analistas Sundar Pichai, CEO de la compañía de Mountain View, aseguró que Google llevaba trabajando nada más y nada menos que 18 meses para adaptarse al nuevo RGPD.

Como bien apunta la CNN, “un terremoto ‘techie” a escala global está en marcha, y el epicentro está (por una vez), a miles de kilómetros de Silicon Valley”. Al valle más tecnológico le será imposible sustraerse a los efectos de ese seísmo y acabará quizás provocándolo en su propio territorio (si Washington demuestra por fin tener mano dura).

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