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Bill Harris, ex CEO de PayPal, acusa al bitcoin de ser una estafa

¿Es el bitcoin en realidad la mayor estafa de la historia?

Bill Harris, fundador de Personal Capital Corporation y antiguo CEO de PayPal acusa al bitcoin de ser una de las mayores (o la mayor) estafa de toda la historia de la humanidad.

¿Es el bitcoin en realidad la mayor estafa de la historia?Mucha gente lleva tiempo diciendo que el bitcoin es el aliado perfecto para los especuladores. Otros creen que se trata más bien de un juego, pero no uno inocente, sino uno de los que pueden causar adicción. Otros van mucho más allá y señalan directamente lo siguiente: el bitcoin es una estafa.

Esto es lo que cree Bill Harris, cofundador y antiguo CEO de PayPal, que califica al bitcoin de “Pump-and-dump” (término utilizado para señalar las acciones fraudulentas que involucran la inflación en el precio a través de manipulación o falsificación de información). “Ernst & Young estima que el 10% del dinero alcanzado en las ofertas iniciales de moneda ha sido robado”, expresa en Recode.net.

Y los perdedores son unos compradores poco informados, que caen de lleno en una espiral de codicia. El resultado es una enorme transferencia de capital desde las familias ordinarias a los promotores de internet. Y a nivel masivo, pues las 1.500 diferentes criptomonedas registran más de 300.000 millones de dólares de valor.

Pero el bitcoin no tiene valor en absoluto, afirma Harris. En primer lugar, porque los bitcoins prácticamente no se aceptan como método de pago en ningún lugar e, incluso si son aceptadas, su valor puede cambiar un 10% o más en un solo día, restando valor a su uso como método de pago. En segundo lugar, su extrema volatilidad en los precios hacen que tampoco sea adecuado como inversión, que sea mucho menos fiable que las alternativas tradicionales. Y, en tercer lugar, porque no tiene valor intrínseco.

Algunas criptomonedas, como Sweatcoin, que se puede canjear por equipos de entrenamiento, parecen más bien el equivalente a cupones o puntos de cliente frecuente. Y este propósito sería mejor atendido por códigos de promoción simples que por un cifrado complejo. Es decir, dólares, libras, euros… Cualquier moneda tradicional tiene mucho más valor, tanto como método de pago como inversión.

Pero hay una cosa para la que las criptomonedas son, desde luego, mucho mejores: la actividad criminal. Al fin y al cabo, sus transacciones son anónimas, lo que hace verdaderamente complicado a las fuerzas de la ley saber quién ha hecho las transacciones. De hecho, los mayores usuarios de bitcoin son criminales. Se estima que el 90% del hackeo remoto está ahora focalizado en el bitcoin, haciendo que los ordenadores de otra gente hagan minería.

E incluso los compradores ordinarios estarían, de algún modo, atentando contra la ley. Las leyes suelen exigir que se declaren las pérdidas y ganancias de capital obtenidas por esta vía, pero pocos lo hacen.

A pesar de todo ello, un prominente promotor de Silicon Valley proclama: “El bitcoin va a transformar la sociedad… Es muy resistente”. Y después argumenta que, el hecho de que la criptomoneda haya resistido a la actividad criminal, demuestra su fortaleza. Las transacciones Bitcoin se promocionan a veces como instantáneas y casi gratuitas, pero son relativamente lentas y costosas. Tardan alrededor de una hora en confirmarse, con un límite de cinco transacciones por segundo. MasterCard puede procesal 38.000 transacciones en ese mismo periodo. Además, transferir 100 dólares costaría alrededor de 6, cuando hay alternativas más baratas.

“Bitcoin es un gasto absurdo de recursos. Como necesita mucha intensidad computacional, hay que gastar mucha electricidad para crear un solo bitcoin, en un proceso llamado minería, tanto como para alimentar un hogar americano promedio durante dos años. Si se utilizase por una gran porción de comercios a nivel mundial (cosa que no va a ocurrir) consumiría buena parte de la electricidad mundial, desviándola de otros propósitos más útiles”, expresa Harris.

Pero lo más peligroso de todo esto es que puede afectar a personas inocentes, personas corrientes, que son engañadas hasta para comprar criptomoneda con su fondo de pensiones. Por ello, los reguladores deben proteger a los inversores de las prácticas fraudulentas, dejando al poder legislativo hacer su trabajo.

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