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Facebook fue clave en el genocidio Rohinyá

Facebook y el genocidio de los Rohinyá: la cara más amarga de las redes sociales

Facebook tuvo un papel clave en el genocidio Rohinyá en Myanmar, según ha confirmado la Organización de las Naciones Unidas.

RohinyáLa desinformación en las redes sociales es peligrosa. Puede alzar a movimientos extremistas o cambiar los resultados electorales. Pero también puede costar vidas. Así lo demuestra la reciente persecución a los Rohinyá en Myanmar por los militares en colaboración con turbas budistas agitadas por monjes xenófobos a través de Facebook, según ElPaís.com.

“Me temo que Facebook se ha convertido en una bestia, lo cual no era la intención original”, señaló Yanghee Lee, investigadora de la ONU para Myanmar. Los expertos coinciden: Facebook ha sido un gran transmisor del odio.

Los birmanios son unos grandes usuarios de Facebook. De hecho, el Ejército utiliza posts en la red social para lanzar sus comunicados. Mark Zuckerberg presumió en una entrevista, tras Cambridge Analytica, de la eficacia de la red social para detectar y eliminar los discursos del odio en el país. Poco después, un grupo de representantes de la sociedad civil birmana y de emprendedores acusó al CEO y fundador, mediante una carta abierta, de hacer caso omiso a las advertencias.

“El riesgo de que los contenidos de Facebook desaten la violencia abierta es ahora mayor que en cualquier otro lugar”, señalaron. En la carta se incluyen mensajes en los que un budista, o un musulmán, alertan de que la comunidad va a lanzar un ataque el 11 de septiembre en Yangón, y terminan con “por favor, reenvía este mensaje a nuestros hermanos”.

Ante las evidencias, Zuckerberg ha pedido disculpas y ha anunciado que reforzará sus mecanismos contra el discurso del odio, revisando los mensajes en 24 horas. Admitió que su empresa debía redoblar dramáticamente sus esfuerzos en Myanmar.

“Si no hubiera habido Facebook, se hubieran usado otros medios de propaganda. La prensa estatal es muy poderosa aquí pero Facebook ciertamente ha jugado un papel significativo posibilitando la difusión de discursos que incitan al odio, del miedo y agitando el odio en las comunidades a gran velocidad”, advierte una experta en el estudio del genocidio.

Tras lo sucedido, tan solo queda medio millón de personas Rohinyá en Myanmar, donde antes vivían 1,2 millones, después de un éxodo masivo.

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