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Al "hype" de las startups se le agotan las pilas: la corta vida de los "unicornios"

unicorniosEn la escena de las startups se conoce como “unicornios” a todas aquellas empresas de nueva hornada que consiguen, antes de aterrizar en los mercados bursátiles, un valor de mercado superior a los mil millones de dólares. Este concepto fue acuñado hace aproximadamente tres años por la capitalista de riesgo Aileen Lee y lo cierto que les viene como anillo al dedo a las startups valoradas en más de 1.000 millones, que son son tan misteriosas (o más) que los unicornios.

Según The Wall Street Journal, hay actualmente en todo el mundo la friolera de 149 “unicornios”, casi cuatro veces más que hace tres años. Uber y Airbnb son los “unicornios” de más relumbrón del momento. Al selecto club de los “unicornios”, donde quienes tienen más presencia son las empresas “made in USA”, no pertenece ninguna startup española.

Sin embargo, al club de los “unicornios” no sólo entran empresas. También hay muchas que salen (y a veces con el rabo entre las piernas). Una de las últimas startups es despedirse de la élite de los “unicornios” ha sido la joven empresa alemana Home24, una web especializada en la venta de muebles que llegó a obtener un valor de mercado de 1.100 millones de dólares en 2014.

Sin embargo, y después de dos años encumbrada a lo más alto del universo de las startups, Home24 fue víctima en septiembre de este mismo año de los mismos que la habían catapultado al éxito. Los propietarios de la incubadora alemana de startups Rocket Internet, los mismos que habían depositado dinero a manos llenas en Home24 durante los últimos dos años, decidieron hace dos meses recortar a la mitad el valor de mercado de la compañía y dejarlo en apenas 470 millones de dólares.

Que la valoración de una empresa pegue semejante “bajón” en tan poco tiempo era hasta hace no un mucho un suceso absolutamente extraordinario en el universo de las startups, cuyo valor ha crecido en los últimos años hasta el infinito y más allá (y de manera claramente desproporcionada).

Sin embargo, la era de las startups con valoraciones artificialmente “infladas” está comenzando a dar síntomas de agotamiento.

“A los inversores el fenómeno de las startups les está produciendo cada vez más desencanto”, explica Florian Heinemann, socio de la empresa capitalista de riesgo Project A Ventures, en declaraciones a Spiegel. “Algunos inversores han acumulado malas experiencias durante los últimos años con empresas del ramo digital y son, por lo tanto, mucho más más cuidadosos que antes. Y prestan también bastante más que atención que hace unos años a la rentabilidad de las empresas que financian”, añade.

La rentabilidad que tanto buscan ahora los inversores es precisamente aquello de lo que adolecen la mayor parte de las startups. Durante los últimos años el modelo de negocio de los “unicornios” se ha basado única y exclusivamente en crecer lo más rápido posible y en ganar cuota de mercado (independientemente de las pérdidas).

Y crecer tan rápido y de manera tan agresiva como lo hizo en su día Facebook (y lo está haciendo ahora Uber) está sólo al alcance de unos pocos afortunados “unicornios”. Al resto, sobre todo a los originarios de Europa, donde las rondas de financiación rara vez superan los 50 millones de euros, les quedan las “migajas”.

Mucho más dadivosos son, por el contrario, los inversores al otro lado del charco, donde es totalmente “normal” que las startups sean agasajadas con 100 y 200 millones de dólares. No es extraño, por lo tanto, que la mayor parte de las startups (las más poderosas al menos) tengan su hogar en Estados Unidos.

De todos modos, alcanzar el estrellato excesivamente rápido no siempre es bueno para las empresas de nueva creación. Y es que, a menudo, lo que sube como la espuma baja también como la espuma. Que se lo digan, si no, a la startup especializada en tecnología médica Theranos. Esta compañía, cuya joven fundadora, Elizabeth Holmes, llegó a ser comparada en su día con Steve Jobs, alcanzó en su momento más álgido un valor de mercado de 9.000 millones de dólares. Hasta que un artículo de The Wall Street Journal que ponía en duda la eficacia de los tests llevados a cabo por Theranos vino a aguar la fiesta a la startup norteamericana, valorada actualmente en “sólo” 800 millones de dólares.

“La inversión está influenciada no sólo por los hechos sino también, y mucho, por las emociones”, indica Heinemann. Y las emociones de los inversores en tiempos de incertidumbre económicas, de Brexits y de Trumps están algo alicaídas en estos momentos, constata Heinemann.

Quizás la creciente cautela a los inversores a la hora de elevar (fulgurantemente) a los altares a las startups explique que hace no mucho Aileen Lee, la inventora del concepto “unicornio”, se descolgara con otro término: “unicorpse” (un híbrido entre “unicornio” y cadáver). ¿Matarán los “unicorpses” a los “unicornios”?

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