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La bondad y la perfidia de la IA generativa a examen

¿Es la IA una bendición o una maldición para la creatividad? Los pros y los contras de esta tecnología

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Con la IA generativa basta un breve conjunto de palabras para generar ipso facto (y casi por arte de magia) imágenes en las que otrora habría que haber invertido una ingente cantidad de horas de trabajo.

Atrás quedaron los tiempos en que había que enarbolar necesariamente la bandera de la (bendita) paciencia e invertir horas, días, meses e incluso años alumbrado obras de arte. En la era de las gratificaciones instantáneas también el arte se ha emancipado de la paciencia, tan abominada en los tiempos que corren.

Con herramientas de IA como DALL-E 2, Midjourney o Stable Diffusion basta un breve conjunto de palabras para generar ipso facto (y casi por arte de magia) imágenes en las que otrora habría que haber invertido una ingente cantidad de horas de trabajo.

Los denominados «text-to-image generators» tienen la vitola de ser un hito de dimensiones absolutamente colosales en el ámbito del «machine learning», una subárea de la IA.

Las creaciones nacidas del vientre de DALL-E 2, Midjourney, Stable Diffusion y compañías son no solo instantáneas sino también completamente nuevas. Son «inventadas» y, aunque utilizan como materia primera imágenes alumbradas por humanos de carne y hueso, sus ufanan de ser 100% originales.

Estas herramientas son además increíblemente versátiles y lo mismo crean figuras que paisajes o texturas. Los estilos que cultiva este tipo de software son también de los más variopintos. Da igual que hablemos de fotorrealismo, de cubismo o de manga, la IA es capaz de remedar con éxito cualquier estilo mediante «prompts» o descripciones textuales en inglés.

La revolución agazapada en las entrañas de la IA generativa es tan monumental que los métodos de trabajo de ilustradores, diseñadores, fotógrafos cabalgan ya encabritadamente a lomos de los cambios. Y el debate (apasionante) sobre la definición del arte en los años venideros no ha hecho sino empezar.

Los generadores de imágenes están transformando ya el proceso de creación de los profesionales de la creatividad

Entre quienes beben los vientos por una tecnología que tiene también a todas luces muchos claroscuros está Nicolay Mausz, científico de computación y propietario de la empresa alemana de software flying dog. A ojos de Mausz, la IA generativa es hasta cierto punto comparable con el primer aterrizaje en la Luna. Mausz ha desarrollado la que se precia de ser la primera extensión 100% estable de Stable Diffusion para Photoshop. Comercializada con un precio inicial de 89 dólares, esta extensión acelerará notablemente el trabajo de los diseñadores, asegura Mausz en declaraciones a Spiegel. «La IA generativa tendrá un impacto de primerísimo orden el diseño de productos, el diseño de interiores y la moda. Y la industria publicitaria tiene también mucho que ganar con esta tecnología. En el futuro los publicitarios trabajarán única y exclusivamente con este tipo de herramientas, desde el principio hasta el final», profetiza Mausz.

Pese a su asombroso parecido con la creatividad pergeñada por los humanos de carne y hueso, creatividad emanada de la IA generativa está a merced de procesos 100% tecnológicos. Básicamente Midjourney y compañía han aprendido despojar del ruido a las imágenes que generan. Y para ello estas herramientas han sido alimentadas previamente con millones de imágenes y descripciones textuales. Tales imágenes irrumpen en los modelos de IA deliberadamente irreconocibles y permeadas de ruido al estar superpuestas las unas sobre las otras. El trabajo de la IA consiste en revertir el proceso y generar imágenes libres de ruido a partir de breves descripciones de texto.

«Al principio estaba francamente entusiasmado con la IA generativa, pero simultáneamente pensaba que esta tecnología mandaría inevitablemente al paro a muchas personas», advierte Julian Schleff, responsable del departamento de diseño y posproducción de Bildundtonfabrik, una empresa alemana que produce documentales, series y programas de televisión para Netflix. A su juicio, herramientas como Stable Diffusion y Midjourney «transforman por completo el proceso creativo».

Las imágenes alumbradas por la IA generativa, no obstante, de ser perfectas. Schleef confiesa que tiene que editar las imágenes con Photoshop para eliminar errores y permearlas de mayor simetría. Puesto que la IA generativa crea imágenes completamente nuevas y no se limita a compilar partes de material ya existente, sus resultados son a veces bastante poco realistas, subraya Schleef.

«Nunca consigo lo que realmente quiero con Midjourney. Pero no creo que esa sea tampoco la idea. Se trata sobre todo y ante todo de tomar senderos creativos que de otra manera no habrías tomado«, dice Schleef.

También se ha arrojado en los brazos de Midjourney la ilustradora y diseñadora gráfica Gila von Meissner. Y los resultados no pueden ser más prometedores. En un plazo de apenas siete días vom Meissner ha alumbrado un libro para niños con la inestimable ayuda de la inteligencia artificial. Sin esta tecnología «el proceso habría sido hasta seis veces más largo», subraya.

Von Meissner invierte 50 dólares al mes en Midjourney: 30 dólares para tener acceso al programa a través de Discord y otros 20 dólares adicionales para que las imágenes allí generadas le sean enviadas a ella personalmente y no se compartan públicamente.

Desde el punto de vista de von Meissner, la IA generativa no pone en peligro puestos de trabajo en la industria creativa. «La mayor parte de quienes se desenvuelven profesionalmente en el ámbito de la creatividad cree que esta tecnología ofrece valor añadido, pero no tiene potencial suficiente para reemplazar a creativos de carne y hueso en todo el proceso creativo», indica.

Algo distinto es el parecer del fotógrafo Tilo Gockel, que no cree que la IA generativa sea realmente un hito histórico, pero sí aventura cambios de primer orden en la industria creativa. «La fotografía de moda se verá, por ejemplo, severamente afectada», asevera Gockel. Y puesto lo que ahora se ahora se hace de manera artesanal se hará en el futuro con la ayuda de la IA, se irán al garete muchos puestos de trabajo, presagia.

Los problemas que aletean en torno a la IA generativa

También las imágenes de stock se verán presumiblemente afectadas por la IA generativa y podrían, por lo tanto, ser reemplazadas por imágenes generadas por ordenador. El dinero que se embolsan hoy por hoy los fotógrafos por las imágenes de stock es más bien nimio, admite Gockel. La inteligencia artificial cambiará en todo caso la manera en que los fotógrafos se aproximan a la eficiencia en el desempeño de su trabajo (y ello decantará probablemente la balanza en favor de la IA).

Sobre la IA generativa planean además muchos interrogantes desde el punto de vista de los derechos de autor. Al fin y cabo, los generadores de imágenes remedan estilos de otros artistas, pero lo hacen sin clonar al 100% sus obras para prevenir eventuales demandas.

Getty Images decidía hace unas semanas interponer una demanda contra la herramienta de generación de imágenes Stable Diffussion por utilizar sus fotografías para entrenar a la inteligencia artificial. Sin embargo, otro banco de imágenes extraordinariamente popular, Shutterstock, ha abierto la puerta a DALL-E 2 en sus dominios y ha llegado a un acuerdo con los artistas que colaboran en su plataforma para que «perciban la compensación adecuada» si su trabajo se convierte en el germen de contenido de nueva hornada engendrado por la IA generativa.

Pero, ¿bastan medidas como las anunciadas por Shutterstock para proteger a los artistas de las eventuales infracciones de «copyright» perpetradas por la IA? El animador irlandés David O’Reilly no se muestra muy optimista a este respecto. «Todos aquellos que han contribuido al valor de los generadores de imágenes están siendo ahora vilmente explotados por ellos», denuncia O’Reilly en un post en Instagram. «Es un robo puro y duro», asevera.

Por su parte, el ilustrador James Gurney exige que hay más transparencia en el proceso de creación de las imágenes generadas mediante la IA. «Creo que es justo que la gente conozca qué comandos y qué programas de software se utilizaron para alumbrar las imágenes», enfatiza. Gurney sostiene además que los artistas deberían poder negarse a que sus obras de arte aparezcan en los «data sets» de la IA generativa, subraya en una entrevista en vídeo concedida a Vox.

Los derechos de autor no son, no obstante, el único problema con el que tiene que bregar la IA generativa, que puede utilizarse para generar imágenes de pornografía infantil o emparentadas de manera muy estrecha con la violencia y el racismo.

Frank Müller, cuyo nombre real es otro, ha llevado un experimento que demuestra que la IA generativa no se mira solo en el espejo del Museo del Louvre y otras grandes pinacotecas para generar imágenes sino también en foros de internet donde predominan la violencia, la pornografía y el odio. «Creo que existe realmente la posibilidad de utilizar la IA generativa para generar propaganda de naturaleza misántropa», advierte Müller en declaraciones a Spiegel. Y el potencial mal uso de los programas de IA generativa se ve aún más magnificado por la ausencia de herramientas de moderación en herramientas que son públicas y están hoy por hoy al alcance de todo el mundo.

Aunque sumamente prometedora, la IA generativa es una tecnología aún muy poco madura y ello la convierte en portadora de múltiples grietas en lo que a la seguridad se refiere. El tiempo dirá si tales grietas podrán ser convenientemente subsanadas en los años venideros.

 

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