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La inteligencia artificial es la gasolina que hace rugir los motores de la revolución digital

La inteligencia artificial es la gasolina que hace rugir los motores de la revolución digitalA la hora de hincar el diente a la inteligencia artificial Google (que para eso es un titán online) fue probablemente la empresa más rápida en agarrarse como a un clavo ardiendo a esta prometedora tecnología.

Cuando en 2012 Alex Krizhevsky dio cuenta en la Universidad de Toronto de la sorprendente habilidad de los ordenadores para reconocer objetos en imágenes y aseguró que lo que tenía entre manos sería un auténtico hito para la inteligencia artificial, Google puso inmediatamente en su manos el dinero necesario para la creación de una startup encaminada a dar fuelle a esta tecnología.

Tras aquella asociación, Krizhevsky cedió los derechos de su fenomenal invento (“Convolutional Neural Networks”) a Google, que después los revendería a otra empresa a un precio irisorrio (si tenemos en cuenta la magnitud del hallazgo).

Lo que Krivhevsky (vinculado actualmente profesionalmente a Google) descubrió en su día e hizo público en 2012 constituyó un salto de gigante para el desarrollo de la inteligencia artificial y ha henchido de poder a esta tecnología en el transcurso de los últimos años.

“En los últimos tres años las inteligencia artificial ha hecho grandísimos progresos”, constató recientemente Damian Borth, director del Deep Learning Competence Center del Centro Alemán para la Investigación de la Inteligencia Artificial (DFKI), en el foro Empolis Executive Forum de Berlín.

La inteligencia artificial ha mejorado muchísimo no sólo en el plano de la investigación sino también en el ámbito de las aplicaciones, unas aplicaciones que son, por ejemplo, la piedra angular de los coches autónomos, los mismos que están abocados a circular en sólo unos pocos años por autopistas y carreteras.

De la inteligencia artificial se beneficiarán también, y mucho, las empresas del retail, que se pertrecharán de un buen número de ventajas competitivas cuando decidan colgarse del brazo de esta tecnología, recalca Borth.

A juicio de Stefan Wess, CEO de la empresa especializada en “information management” Empolis, la inteligencia artificial será en los próximos años el motor del desarrollo digital y lo será fundamentalmente por tres razones: la enorme cantidad de datos (y su capacidad de “adiestramiento”), la creciente velocidad de los ordenadores, y la omnipresencia (y gratuidad) del software de “machine learning”.

No obstante, la inteligencia artificial, que en menos que canta un gallo será omnipresente en decenas y decenas de campos de actividad, necesitará también proveerse también de un puñado de reglas. No hay que tener necesariamente miedo de los robots, pero la inteligencia artificial debería contar con un marco legal adecuado, advierten los expertos.

Según un reciente estudio de Accenture, la inteligencia artificial no sólo destruirá puestos de trabajo sino que creará también nuevos empleos y tales empleos serán fundamentalmente de tres tipos: los “trainers” (aquellos encargados de hacer más listas a las inteligencias artificiales), los “explainers” (que se tomarán la molestia de analizar y comprender los resultados arrojados por las inteligencias artificiales), y los “sustainers” (que velarán por el cumplimiento de normas éticas en relación con la inteligencia artificial).

Está claro que la inteligencia artificial se guarda muchísimas sorpresas bajo la manga y que gracias a ella (o por su culpa) el universo digital será radicalmente distinto del que hoy todos conocemos.

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