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La inteligencia artificial que no "mata" ¿hace más fuerte a la humanidad?

robotsCuando a Stephen Hawking le detectaron en 1963, con apenas 21 años, esclerosis lateral amiotrófica, sus médicos pronosticaron al famoso físico británico un futuro breve y lúgubre, muy lúgubre.

Sin embargo, y desafiando aquellos aciagos pronósticos, Hawking cumplía este domingo 75 años. Aunque la enfermedad que padece le ha dejado postrado en una silla de ruedas y le ha privado del habla, el célebre científico puede seguir compartiendo con el mundo las ideas salidas de su prodigiosa mente gracias a un ordenador que registra los movimientos de sus músculos faciales y de sus ojos.

Hawking sigue en activo como físico gracias a las nuevas tecnologías, unas nuevas tecnologías con las que tiene una relación tan simbiótica que algunos se preguntan (casi inevitablemente) si el británico no es en realidad una suerte de cíborg.

Sin embargo, la simbiosis con las nuevas y omnipresentes tecnologías la experimenta no sólo el bueno de Hawking sino también buena parte de los mortales. ¿Acaso no es en los tiempos que corren el ubicuo smartphone una extensión, irrenunciable, del cerebro humano? En cierta manera lo es. Que somos cada vez más esclavos, para bien y para mal, de las nuevas tecnologías no es ningún secreto para nadie.

Y más que lo seremos en el futuro porque la tecnología evoluciona a la velocidad del rayo, tanto que promete dejar a la inteligencia humana a la altura del betún. “En algún momento en el transcurso de los próximos cien años los ordenadores superarán a los humanos con su inteligencia artificial”, pronostica Hawking.

Las consecuencias derivadas de la cada vez más apabullante (y brillantísima) inteligencia agazapada en las entrañas de las máquinas serán brutales y su análisis se hace cada vez más urgente.

Un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) concluye que, desde el punto de vista 100% económico, las oportunidades asociadas a la inteligencia artificial serán absolutamente gigantescas, pero también lo serán los riesgos (que tomarán la forma de mayores desigualdades).

La inteligencia artificial, aquella capaz de aprender como una esponja (de manera casi idéntica al cerebro humano), se revela a priori como muy útil en múltiples campos de actividad. Decenas de jóvenes (y no tan jóvenes) empresas trabajan a destajo para aplicar la inteligencia artificial al terreno automovilístico. El “superordenador” Watson de IBM puede ayudar a tratar a los enfermos de cáncer (y según un experimento, puede incluso proponer mejores terapias que los galenos de carne y hueso). Y Google ha comenzado a aplicar la inteligencia artificial a su servicio de traducción.

De acuerdo con la empresa de investigación de mercados IDC, el pujante mercado de la inteligencia artificial moverá miles y miles de millones de dólares durante los próximos años. “La inteligencia artificial terminará por convertirse en omnipresente el futuro”, profetiza Frank Gens, analista de IDC.

Que la inteligencia artificial tendrá un relevantísimo papel en el futuro ha quedado a las claras durante los últimos días en la feria tecnológica CES, donde Bosch y la startup californiana Mayfield Robotics han presentado en sociedad un gracioso robot doméstico bautizado con el nombre de Kuri que aspira a emancipar a la inteligencia artificial de la mala prensa que le adjudican algunos.

kuri

Kuri no intentará destruir a la civilización tal y como la conocemos. No lanzará rayos mortales capaces de paralizar ciudades enteras. No esclavizará a la humanidad para someterla a una suerte de ley robótica”, asegura sus creadores.

Kuri, que se comercializará a un precio de aproximadamente 700 dólares, aspira a convertirse sobre todo y ante todo en el mejor amigo del hombre. Y está dotado para ello de un físico que recuerda al del entrañable Wall-E de Pixar.

Este simpático robot puede jugar al escondite con los niños y, cuando sus dueños se ausentan en casa, vela por la seguridad del hogar. Y no sólo eso. Kuri inclina la cabeza cuando le acarician y en su bondadoso interior no hay un ápice de sarcasmo.

No obstante, y pese al optimismo (y la bondad) que en lo que a los robots se refiere se ha respirado en los últimos días en la feria CES 2017, hay quienes temen que lo que hemos visto tantas veces en las películas, que los robots terminen imponiéndose a los humanos que los han creado, se haga (tristemente) realidad. No obstante, tan funestas predicciones no son ni muchos menos inmunes a la influencia de la humanidad, que sigue siendo dueña de su propio destino. Como bien dice el historiador israelí Yuval Noah Harari, “la pregunta más importante a la que se enfrenta a la humanidad es: ¿en qué queremos convertirnos?”. Si los robots terminan dominando el mundo será probablemente porque los humanos así lo han querido (o no).

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