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¿Es internet más bueno que malo (o al revés)?

Internet es un monstruo de Frankenstein ¿pérfido o entrañable?

En los últimos tiempos internet, que nació como un fenomenal invento capaz de mejorar ostensiblemente la humanidad (y enfatizar su bondad), ha mostrado su lado más vil y perverso.

internetDicen algunos que nada llega a nuestras vidas sin una maldición arteramente agazapada en sus entrañas. E internet, que en sus inicios fue recibido como una auténtica bendición, se está tornando cada vez más en una maldición.

Las “fake news”, que corretean a su antojo en las redes sociales, la laxitud con la que muchas plataformas online contemplan la privacidad del consumidor y la omnipresente y venenosa publicidad (que el internauta no quiere ver ni en pintura) han avivado el debate, inevitablemente acalorado, sobre si la red de redes es buena, mala o ambas cosas a la vez.

Está claro que internet es un verdadero monstruo de Frankenstein, pero ¿es ese monstruo una temible bestia o es más bien un gigante adorable con un corazón de oro guarecido en su interior?, se pregunta George Simpson en un artículo para MediaPost.

¿Saca internet lo peor o lo mejor de nosotros? Antes de responder a esta peliaguda pregunta conviene dejar claro que por ahora (a la espera de la entrada en escena de la verdadera inteligencia artificial) internet no deja de ser un amasijo de cables, routers y ordenadores. Y no hay a priori nada perverso en ello.

Como los automóviles, la red nada tiene en realidad de peligrosa, a menos que algún idiota se siente al volante. La pregunta es: ¿hemos colocado quizás a demasiados idiotas al volante de internet?

La lista de todas las cosas buenas a las que internet cobija bajo su inmenso paraguas es interminable, como también lo es el listado de todos los “demonios” que se han apoderado de este fenomenal invento en el transcurso de los últimos años, dice Simpson.

Pero ahora que hay generaciones enteras víctimas de una insidiosa, y quizás incurable, adicción a internet y a todas sus plataformas aledañas, conviene quizás hacer un alto en el camino para responder a la siguiente pregunta: ¿va la red en una dirección positiva o negativa?

Los que conocieron internet en sus inicios quedaron inmediatamente deslumbrados por la utilidad de semejante y brillante invento para acceder al momento a información de toda clase y condición.

La primigenia red de redes parecía haber puesto una suerte de varita mágica en manos de sus usuarios. Agitando esa varita el internauta (convenientemente metamorfoseado en “mago”) era capaz de producir información, entretenimiento, videojuegos, porno, chats y comunicación con personas dueñas de los opiniones más variopintas y hasta extravagantes.

Cuando internet estaba todavía en pañales, el internauta tenía que rebuscar y rebuscar para toparse de bruces con los “chicos malos”, que preferían esconderse en las cloacas. Actualmente esos “chicos malos” han salido de las fétidas alcantarillas y están en todas partes, subraya Simpson.

Hay, de hecho, chicos a los que en su día habíamos endilgado la etiqueta de “buenos” que han acabado revelándose como “malos” (o como compinches de los “chicos malos”). Escándalos como el protagonizado por Facebook y Cambridge Analytica han dejado en evidencia a toda una pléyade de “chicos buenos”, cuya maldad ha terminado por aflorar, quizás por efecto contagio, en la cada vez más envilecida red de redes.

Algunos argumentan que internet es arrebatadora bueno, por una parte, y malo a rabiar, por otra. Y que no hay en realidad nada de raro en esta dualidad.

Sin embargo, no hace falta haber sido víctima de las ubicuas “fake news”, testigo del “bullying” online u oyente de las (hipócritas) explicaciones de Facebook para justificar su apática política de datos para sentir que internet ha emprendido una imparable cuesta hacia debajo de la que quizás nunca se recupere, concluye Simpson.

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