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Internet pisa el acelerador gracias al porno

Las páginas porno están a la vanguardia técnica en la red: procesan cada hora una montaña de datos más grande que una biblioteca. Google también agradece su subida, según informa taz.de.

Quien busque hoy en internet sobre las palabras más buscadas en la red se encontrará, sin duda, muchos más cuerpos desnudos que fotos de la reina Victoria a lo largo de toda su vida. La pornografía no sólo constituye una gran parte de la cantidad de datos, sino que también es el motor del avance técnico. Aprender de la industria porno en internet es una victoria segura y exige aprender a llamar la atención.

No se pueden obtener datos exactos; pero indirectamente se pueden inferir de manera confiable. Aunque Google arroja páginas web pornográficas en sus estadísticas oficiales, el servicio Alexa, que pertenece a Amazon, ha hecho una lista y analizado una categoría "adulta" con las páginas web de porno más grande.

Lo que no se puede discutir es que sobre el 30% del tráfico total de datos en la world wide web (no en internet) proviene de la pornografía y formas emparentadas. La página web Xvideos.com, por ejemplo, se ve 4.500 millones de veces al mes (por cerca de 350 millones de usuarios). Esto es el cuádruplo de las vistas que recibe la página de la CNN. El portal pornográfico alemán LiveJasmin.com, que según datos propios es la comunidad de videochat pornográfico más grande del mundo y que está registrado en Funchal (capital de la isla de Madeira), no es mucho más pequeño.

YouPorn, la segunda oferta más grande de porno en internet, guarda más de 100 terabytes (1 tera son 1.000 gigas) de datos y recibe más de 100 millones de clics al día. La cantidad de datos que se transmite de media al día recoge 950 terabytes, lo que supone al mes una cantidad de hasta 30 petabytes. Los servidores deben procesar hasta 100 gigabytes de datos en un segundo (considerablemente más que el portal de vídeos YouTube).

Las cifras astronómicas de la transferencia de datos son casi inimaginables. En comparación, el texto de La Biblia precisa sobre cinco megabytes (tanto como una pequeña película digital). La biblioteca del Congreso estadounidense guarda en total 235 terabytes de datos. Esta cantidad de datos es la que transportan los ordenadores de la página más grande de porno en una tarde.

Si uno extrapola los bits y bytes, el volumen de datos de una sola página pornográfica grande recoge casi un 2% del tráfico de datos total en internet. El desarrollo de la capacidad de almacenamiento es vertiginosa: sólo en 2007 apareció el primer disco duro que podía procesar un terabyte. La industria del porno está instruida para ofrecer siempre los mejores y más rápidos servidores: en ninguna otra rama comercial en internet es la competencia tan dura y tan despiadada.

Junto con ello, está, además, el modelo de negocio real de la oferta digital de sexo y porno: la venta de datos de usuarios. En esto, poco se diferencian YouPorn, GayRomeo, xnxx.com o Adult Friendfinder de las llamadas “redes sociales” como Facebook. La diferencia con otros sitios web estriba en que los “consumidores” de sexo hacen clic más a menudo y permanecen durante más tiempo.

Cada día inician sesión, según datos propios, hasta 15 gigabytes de datos de los usuarios (la cubertería de plata de las empresas de la ciberpornografía). La industria del porno en internet sabe exactamente quién, por qué, cuándo y por cuánto tiempo se hace clic en qué enlaces y qué vídeos o imágenes son los que más a menudo se consumen. Cerca de un tercio de todas las páginas web espía a sus usuarios mediante Google Analytics (y las de porno no son una excepción). Google ofreció las herramientas de rastreo gratis desde un primer momento, desbancando así a toda la competencia.

Ya desde su época inicial, Google condujo a una creciente popularidad de las páginas porno. Al contrario que los antiguos motores de búsqueda, Google entiende el mundo digital como la suma de sus uniones: los gráficos. Una página, entonces, es más relevante que otra cuando muchos remiten y enlazan a ella.

Y de esta manera es como la industria del porno creó grandes zoos de servidores y miles de direcciones y dominios en la web que redirigían unos a otros. Esta avalancha de enlaces no ofrece ningún tipo de contenido, pero sugiere tener una alta relevancia (un sistema de enlace “retroalimentativo”, lo que Google acepta tácitamente, fue la receta para el éxito).

Ya en los años ochenta, cuando ni se pensaba todavía en la world wide web, los grupos de noticias en Usenet, la parte más antigua de internet, se inundó de fotos sexuales que procedían predominantemente de sistemas de buzoneo porno electrónico. En esa época, los mensajes de textos y los foros con datos binarios aún no estaban separados (uno no se podía tropezar por casualidad en los grupos de noticias con imágenes digitales de desnudos).

El discurso sobre pornografía en internet comenzó con un comunicado falso de la revista norteamericana Time en julio de 1995. El periodista Elmer-Dewitt había publicado un preocupante artículo sobre porno cibernético en el que afirmaba que se ofrecerían cantidades ingentes de pornografía en internet y supondrían una parte muy importante de los datos.

Pero Elmer-Dewitt no había investigado en internet lo que después tuvo que reconocer apocadamente, sino exclusivamente en el Porno-Bulletin-Board-System (BBS), en buzones de correo, es decir, en un sistema de ordenadores interconectados que hoy en día ya está casi marchito. El concepto “ciberporno” está desde entonces en el mundo y excita los ánimos de la gente como siempre ha hecho. En vista de los ingresos de la industria del porno, esto parece un poco hipócrita, pero la demanda determina la oferta.

Pero la pornografía digital ya existía antes de la invención de la world wide web en 1991 y antes, incluso, de los años ochenta, cuando internet aún estaba en pañales. El entonces “estrecho” ancho de banda de la línea limitaba un poco la cosa, lo que cambió en los años 90 del siglo pasado, cuando no sólo las líneas se volvieron más rápidas, sino que también los ordenadores caseros pudieron procesar imágenes que representaban algo más que cosas pixeladas.

Hoy, la tendencia continúa hacia una conversión al porno: todo incluido, imágenes, películas, chats, bolsas de contactos, incluso “asesoramiento de vida”, en lo que unos pocos proveedores dominan el mercado (y donde las pequeñas páginas web apenas aparecen). Por otra parte, la pornografía en internet es todavía un dominio de hombres: se estima que un quinto de los usuarios son mujeres.

Aunque los empresarios de las páginas porno también saben que las tarjetas de crédito a nombre de una mujer, esto no significa que el consumidor de sexo de pago sea necesariamente de género femenino. Una gran parte de las quejas indignadas por el fraude de tarjetas de crédito procede de madres o esposas enfadadas que no tienen ni idea de que con su dinero se está pagando porno en internet. Algunos usuarios de portales de sexo tienen tarjetas de crédito que pertenecen a mujeres, lo que, por medidas de precaución, se declara “intento de fraude”.

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