Digital

Internet, la semilla del fenómeno fake

Internet: ¿queda algo de verdad en el mundo de la mentira?

La mentira se ha convertido en una constante en el mundo digital. Métricas, usuarios y contenido falsos revolotean por los rincones de la red de redes sin control. Mientras, la verdad, ni está ni se la espera.

verdadSi hubiese que elegir una palabra para describir el 2018 en el mundo digital, probablemente esa sería "fake". La mentira, el engaño y el fraude se ha extendido por el entorno online como si de la peste se tratase. Y lo peor todavía no ha pasado.

La propagación del virus de la falsedad digital se presenta como una de las peores pandemias de la historia de la industria publicitaria. A medida que se ha ido tomando conciencia sobre esta realidad y sus penosas consecuencias, los principales agentes del mercado se han posicionado para luchar contra él.

Iniciativas como ads.txt para verificar el inventario de los editores con el objetivo de garantizar el tráfico de calidad; las continuas limpiezas de bots, seguidores y cuentas fraudulentas o las iniciativas para informar y empoderar a las compañías con las herramientas de prevención y detección del fraude online han contribuido a pequeños avances en este terreno. Sin embargo, los esfuerzos siguen siendo insuficientes.

Con unas estimaciones de pérdidas que alcanzan los 44.000 millones de dólares para 2022, según datos de un estudio de Juniper, el fraude digital se ha convertido en una bola de nieve que no deja de crecer.

Si a ello le sumamos el incremento de la sofisticación y complejidad de las redes de fraude que proliferan en el mundo online, el contagio al entorno mobile, al influencer marketing y la falta de métricas fiables con las que cuantificar el impacto real de esta lacra, el problema y su coste pueden ser aún mayores.

Ante este panorama, ¿queda algo de verdad en el mundo digital? Lo cierto es que el futuro no pinta muy optimista para una industria corrupta hasta la médula en la que todo, desde los usuarios hasta las métricas son falsas.

"Las métricas deberían ser lo más real de internet, puesto que son cuantificables, medibles y verificables", explica Max Read en Intelligencer. "Sin embargo, ni siquiera Facebook, el mayor contenedor de datos del mundo parece ser capaz de ofrecer datos reales", añade.

Ejemplo de ello es el "mea culpa" que la red social entonó al reconocer los fallos que durante años habían cometido en las métricas de vídeo de los anunciantes, dando lugar a sobreestimaciones de visionado entre un 60% y un 80% por encima de las cifras reales, según la compañía, aunque hay quien sitúa esta variación entre un 150% y un 900%.

Pero los errores de la plataforma no acaban aquí. En los últimos dos años, Facebook ha reconocido fallos en las mediciones del alcance de los posts de Pages; en las tasas de visionado completo de los vídeos; en el tiempo de lectura a través de Instant Articles; en la cantidad de tráfico referencial desde Facebook a webs externas; en el número de visitas a vídeos a través de la versión móvil de la red social o del número de vídeos consumidores en Instant Articles.

Para más inri, la compañía afirma que este año 75 millones de personas han visto a menos un minuto de su sección Watch diariamente, claro que, también aclara que ese minuto no necesariamente se visualiza de manera continuada.

No obstante, los datos no son lo único falso que encontramos en el entorno social y digital. Los usuarios tampoco son siempre humanos y para muestra, las limpiezas que las principales redes sociales han llevado a cabo este mismo año.

La primera en poner en marcha este sistema fue Twitter que se deshizo de un plumazo de 70 millones de cuentas falsas que habitaban en la plataforma con fines poco éticos. Después le llegó el turno a Instagram que también se sumaba a la iniciativa borrando no solo cuentas, sino también seguidores y likes que engordan la actividad de la plataforma de manera fraudulenta.
YouTube también hizo lo propio hace apenas unas semanas. La red social de vídeos daba carpetazo a 1,6 millones de canales y otros tantos vídeos dedicados a difundir mensajes falsos o contenidos inapropiados.

Y es que, la mentira ha contaminado incluso el contenido. La distinción entre la realidad y la ficción se complica cada vez más en un mundo en el que la prisa es la norma y la verificación de la información incompatible con la rapidez con la que las noticias recorren el espacio digital.

Asimismo, la facilidad con la que hoy en día cualquier usuario puede generar contenido aparentemente real es tal, que hasta los medios de comunicación han caído alguna vez en la lacra del bulo.

En medio del desconcierto, los usuarios reclaman medidas para garantizar la verdad, pero lo hacen al mismo tiempo que alimentan sus propias mentiras. Los usuarios piden autenticidad, pero el postureo sigue imperando en un mundo social plagado de medias verdades.

O quizá preferimos vivir en la constante duda a enfrentarnos a una realidad para la que no tenemos respuesta.

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