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Israel, el vergel tecnológico del que se alimenta Silicon Valley

Primero fue Facebook, después Apple, y ahora Google. Las empresas más poderosas de la escena llevan meses detrás de la aplicación israelí de GPS Waze. El pasado mes de mayo Facebook puso 1.000 millones de dólares sobre la mesa para intentar hacerse con la start-up más deseada del momento. Tras esta primera oferta de Facebook, Google ha subido la puja y ofrece ahora 1.300 millones de dólares por Waze.

Con la compra de la compañía israelí, Google pretende que su propio servicio cartográfico no se vea amenazado por Waze y eliminar así a un posible competidor.

Waze, empresa fundada en 2006, ofrece un servicio cartográfico basado en el crowdsourcing: los automovilistas pueden compartir en tiempo real a través de la aplicación información sobre el tráfico. Quien tiene instalada la app en su teléfono móvil puede proporcionar información sobre atascos, calles cortadas y accidentes a otros conductores. El punto fuerte de Waze es que no sólo es una aplicación GPS sino también una red social.

Que Waze esté tan solicitada demuestra, por otra parte, que Israel, el país de origen de esta aplicación, es uno de los principales semilleros de ideas del sector tecnológico. Empresas como Intel, Cisco, Apple y SAP rastrean desde hace tiempo ideas en Tel Aviv, Haifa o Jerusalén para después comprarlas y llevarlas a Estados Unidos. En 2012 se adquirieron en Israel 300 millones de start-ups israelíes por un total de 17.000 millones de dólares. Cisco compró, por ejemplo, por 475 millones de dólares la empresa israelí de software Intucell, y Apple, por su parte, pagó 500 millones de dólares el especialista en tecnología Flash Annobit.

En la actualidad la mitad de las exportaciones israelíes proceden del sector tecnológico. Sin embargo, el éxito de las start-ups tecnológicas en el país hebreo tiene también su lado negativo, advierten los expertos. En lugar de utilizar las innovaciones para seguir creciendo en territorio israelí, esas innovaciones son compradas y llevadas a países extranjeros. Algunas empresas ganan millones de dólares con las adquisiciones, pero después no regresan a Israel, explica Giora Shalgi, ex consejera delegada de la empresa israelí Rafael.

Y es que los emprendedores israelíes son conscientes de que el mercado local es muy pequeño y por eso piensan desde el primer momento a nivel global. Ser comprados por empresas extranjeras no es para ellos una mala salida, sino muchas veces la mejor, subraya el inversor estadounidense de origen israelí Jon Medved.

Pero, ¿a qué se debe el arrollador éxito de las start-ups “made in Israel”? El éxito se debe en gran parte al poderoso ejército israelí. Allí aprenden muchos jóvenes no sólo a asumir responsabilidades sino también a manejarse como pez en el agua en la tecnología más puntera. “Para poder sobrevivir, debemos estar dos o tres pasos por delante de nuestros vecinos en cuestiones tecnológicas”, señala un ex empleado del centro de informático del aparato militar israelí. Y es que las guerras ya no se ganan hoy sólo con las armas sino también con los ordenadores.

Al margen del hipertecnologizado ejército israelí, el otro puntal que hace de Israel un auténtico paraíso tecnológico son lo bien posicionadas que están las universidades hebreas en el terreno de los algoritmos, que son al fin y al cabo el corazón de los ordenadores. Muchos ciudadanos rusos inmigraron a Israel en los años 90 y trajeron consigo avanzados conocimientos matemáticos a las universidades del país, indica Neyal Niv, empleado de la empresa de capital de riesgo Giza Venture Capital.

No sólo las empresas estadounidenses están encontrando un auténtico filón en Israel. El país hebreo es desde hace tiempo también el “ojito derecho” de empresas asiáticas como Samsung y LG.

En términos de innovación y creatividad tecnológica, Israel es ya el número 2 del mundo. Sólo Silicon Valley es hoy por hoy más fuerte que la comunidad tecnológica hebrea, de ahí que muchas empresas californianas tengan los ojos permanentemente puestos en unos rivales que después terminan convirtiéndose en socios.

 

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