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Juguetes conectados: los espías silenciosos de los más pequeños de la casa

cartasEl desarrollo tecnológico de los últimos años ha dado lugar a una nueva sociedad caracterizada por la permanente conectividad gracias a los múltiples dispositivos que están a nuestro alcance.

El móvil ha pasado a convertirse en parte fundamental del día a día de los usuarios, pero la tecnología también ha llegado a la domótica en los hogares o a los nuevos coches conectados.

Con la llegada de la época navideña, es hora de comprar regalos para los más pequeños de la casa. Pero si antes las muñecas o los balones de fútbol eran las estrellas de la Navidad, ahora las cartas a los Reyes Magos son muy distintas.

Y es que, cada vez es más frecuente ver las estanterías de las tiendas repletas de juguetes que presumen de interactividad y que gozan de gran popularidad entre los más pequeños para quienes el mundo digital es ya su hábitat natural.

Sin embargo, los juguetes conectados cuentan con implicaciones que van más allá de permitir a un muñeco hablar. Y es que, a medida que aumentan este tipo de productos en el mercado, también lo hacen las preocupaciones en torno a la privacidad y los datos.

Es por ello que The Drum ha querido profundizar en las consecuencias de estos juguetes. Este año, la marca Hasbro ha lanzado Love2Learn Elmo, un muñeco del mítico Barrio Sésamo y que ofrece una “experiencia de juego personalizada” gracias a una app.

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Esta app permite a los padres introducir el nombre del niño así como sus intereses y gustos con el objetivo de que Elmo juegue con el niño en función de estos datos.

Cognitoys Dino es otro de los juguetes que estas Navidades prometen cumplir las preferencias de cualquier niño gracias a la integración del asistente de IBM, Watson. Pero incluso Mattel ha querido llevar la tecnología a su muñeca más famosa, Barbie cuya casa ahora puede ser manejada por comandos de voz por los niños.

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Pero, si los padres no velan por su propia seguridad y privacidad, tampoco lo van a hacer con sus hijos. Es por ello que son las empresas las que deben tomar las medidas necesarias para respetar los datos de sus consumidores y lo cierto es que la mayoría de ellas lo hacen.

La muñeca interactiva Cayla, por ejemplo incluye en su programación un software de protección llamado Violet y cuyo objetivo es proteger a los más pequeños de palabras, frases o imágenes que pudieran ser dañinas u ofensivas.

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Por su parte, Mattel asegura que para el uso de sus juguetes conectados es necesaria la descarga de una app y una conexión a internet que conlleva el permiso de los progenitores.

Sin embargo, Newsweek advertía el pasado año del peligro de la muñeca de Mattel que utilizaba el audio del entorno para habilitar la conversación en tiempo real con los niños así como también permitía a los padres compartir las conversaciones de Barbie con los niños a través de las redes sociales.

La muñeca interactiva funciona gracias a la alianza de Mattel con la compañía ToyTalk, que tras registrar los audios de las conversaciones utiliza la inteligencia artificial para ofrecer respuestas más precisas. Claro que, esta función también permite que third-party accedan a los datos.

Jason Snyder, CTO de la agencia Momentum Worldwide, asegura que es “muy fácil, para los aparatos conectados, grabar, almacenar y transmitir un gran número de datos que los usuarios no tienen en cuenta como la localización, la proximidad, los sonidos ambiente, la hora del día o el movimiento”.

Estas funciones de los juguetes modernos han generado alguna que otra polémica en los últimos tiempos. La Federal Trade Commission investiga este tipo de sistemas tras la denuncia de varios grupos de consumidores que acusaban a los juguetes conectados de “espiar a los niños y amenazar su privacidad y seguridad”.

Así, los demandantes pedían abrir una investigación a empresas como Genesis o Nuance Communications dedicadas a servicios de software de reconocimiento de voz integrados en numerosos productos infantiles.

Pero también denuncian la escasa información que se muestra en los juguetes sobre qué tipo de datos son registrados y cómo se usan.

Por el contario hay quien mantiene una postura algo más relajada como Alison Mierzejewski, senior editor del site Toy Insider, para quien “aunque los juguetes conectados no son perfectos, siguen siendo una buena opción para los niños”.

Y es que, las posibilidades de la tecnología en los juguetes abren las puertas a enormes ventajas en muchos campos como la educación.

Sin embargo, se trata de un mercado nuevo al que todavía le queda mucho desarrollo y mejora por delante hasta encontrar ese equilibrio entre el valor añadido de la tecnología y la necesidad ética de velar por la privacidad de los usuarios, sobre todo, cuando se trata de los más vulnerables: los niños.

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