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La democracia en la era de la "Tinderpolítica"

democraciaEsta primavera presenciamos la intrusión de la app de citas más popular, Tinder, en el terreno político a través del lanzamiento de “Swipe the Vote”, un servicio que prometía dar con el candidato presidencial perfecto para cada usuario.

En un país en el que las tasas de voto son realmente bajas, sobre todo entre los más jóvenes, la compañía pretendía crear un mayor interés sobre las elecciones estadounidenses de este año uniendo diversión, tecnología y política.

Pero, ¿contribuye realmente la tecnología, la conectividad y los datos a una mejor democracia?

Esto es lo que se pregunta Giuseppe Porcaro en un artículo publicado en TechCrunch en apoyo al movimiento Youth Up. Y para dar respuesta a esta cuestión hace una vuelta al pasado, a los inicios de internet en el mundo de la política.

Mucho han cambiado las cosas en las últimas dos décadas y es que, la primera web de una campaña presidencial constaba apenas de algunas fotos acompañadas del programa electoral, un diseño austero y un link a través del que los votantes podían contactar con el equipo encargado de la campaña. Pertenecía Pat Paulsen que competía con Bill Clinton en la carrera hacia la Casa Blanca pero no logró llegar a la meta.

En 2004, el demócrata Howard Dean marcó un hito utilizando por primera vez el medio digital para lanzar una plataforma de recaudación de fondos para la campaña que apelaba a un público masivo a hacer pequeñas donaciones y que supuso un considerable ahorro de costes con respecto a las tradicionales estrategias de llegar a pocos pero grandes donantes.

Conforme han ido avanzando los años, la aparición de las redes sociales, las apps, etc han ido convirtiendo la tecnología en un arma política de especial importancia y, el internet de las cosas en pleno desarrollo promete cambiar de manera radical la política.

Y es algo, asegura el autor, que no tardará mucho tiempo en llegar pues las predicciones apuntan a que al finalizar este año existirán 6.400 dispositivos conectados en uso, un 30% más que en 2015 y se espera que para 2020 sean 20.800 millones.

Todo esto conllevará la disposición de una gran cantidad de datos que crearán un nuevo contexto para la toma de decisiones políticas.

Porcaro imagina así, como podrá ser este panorama en 10 o 20 años con la existencia de apps que simplifiquen la participación ciudadana a través de simples likes o barridos. Pero va más allá asegurando que serán los sofisticados algoritmos los que calcularán automáticamente, gracias a los datos extraídos de nuestros dispositivos y wearables, las preferencias políticas de cada uno de nosotros.

En este hipotético escenario, un procesador de datos daría con la combinación de medidas políticas óptimas basadas en los comportamientos y hábitos de los ciudadanos reduciendo los gobiernos a simples anunciantes de los resultados de estos algoritmos.

Sin embargo, algo parecido sucedió en los años 90 cuando muchos analistas políticos, en la era de los disquetes, auguraron el fin de la democracia representativa y su sustitución por la deliberativa a través de internet, algo que nunca llegó a producirse.

Y esto se debe, argumenta Porcaro, a que es una cuestión que va más allá de razones técnicas. Existe cierto riesgo en permitir la entrada de la ciudadanía en cada cuestión política o puede caerse en decisiones populistas.

Es por ello que, el autor asegura que es tarea de los activistas más jóvenes tener en cuenta los cambios que vendrán con el objetivo de retener su influencia en la manera en la que las políticas se construyen, deciden, implementan y evalúan en el futuro.

Y es que, la política sigue siendo una responsabilidad humana y son los jóvenes los encargados de dar forma a las narrativas y discursos para hacer entender a los ciudadanoslas consecuencias de los cambios que se están sucediendo. Solo así, sentencia Porcaro, podremos asegurar la transparencia y vigilancia democrática sobre futuro de la sociedad.

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