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Bob Hoffman y su dura crítica al fraude publicitario

La "fantasiosa" industria en la que viven los marketeros

Aunque muchos en la industria se empeñen en gritar a los cuatro vientos la positiva evolución del sector, lo cierto es que dista mucho de ser perfecto.

Sobre todo, en lo que a fraude respecta. Un reciente estudio de JPMorgan Chase demuestra que esta lacra que azota a la industria está totalmente descontrolada y si el pasado año las estimaciones rondaban los 7.200 millones de dólares, este año se han duplicado hasta los 16.400 millones.

Y a pesar de estas cifras todavía hay quien se atreve a presumir de que esta práctica descenderá un 10% este año. Una afirmación que Bob Hoffman, el famoso Ad Contrarian, considera una más de las fantasías que revolotean en la “fantasiosa industria en la que viven nuestros líderes”.

El problema de esta situación, añade Hoffman, “es que no existe una lucha seria contra el fraude. Tenemos un incendio, pero no una estación de bomberos”.

Si hacemos números, teniendo en cuenta que la industria invierte 1,5 millones de dólares en esta batalla, eso supone que la fracción del coste de este problema que están invirtiendo en su solución es del 0,0009.

¿A alguien le sorprende que el fraude vaya a crecer por encima del 100% este año? Se pregunta Hoffman.

A la escasa acción por parte de los profesionales se le añade que estamos ante el escenario perfecto para los criminales: inexistentes barreras de entrada en el fraude e inexistentes consecuencias para los que son sorprendidos realizando estas prácticas.

Según la World Federation of Advertisers, a este ritmo, en 8 años, el fraude se convertirá en la segunda mayor fuente de ingresos criminales en el mundo, solo por detrás del tráfico de drogas.

Para ejemplificar lo grave del asunto, Hoffman se refiere a un suceso que tuvo lugar la semana pasada. Un anuncio de la ANA apareció en la no demasiado recomendable web Breitbart News, asegurando que se trataba de “un resultado inintencional de la compra programática”.

Claro que, argumenta Hoffman, si ni siquiera la ANA es capaz de controlar dónde aparece su publicidad, ¿cómo se supone que los demás lo van a hacer?

De hecho, incluso los más grandes anunciantes como P&G, Unilever, Hershey’s, Johnson & Johnson, Ford o MGM, quienes se supone que cuentan con equipos de ciberseguridad que les aseguran que sus inversiones están 100% libre de fraude, han sido víctimas de esta lacra.

Pero también el propio Google a través de su AdWords que ha dejado con la cara colorada a páginas como Politifact, dedicadas a la verificación de hechos, tras mostrar links a noticias falsas y webs también falsas de medios muy conocidos pero, eso sí, con anuncios reales insertos en ellas.

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