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La prueba definitiva de la naturaleza corrupta de la publicidad online

La prueba definitiva de la naturaleza corrupta de la publicidad onlineEl más reciente escándalo que afecta al mundo de la publicidad online es el de la retirada de marcas de YouTube tras descubrir que sus anuncios se insertaban en contenidos extremistas.

Sin embargo, si echamos la vista atrás son muchas las corruptelas de las que hemos sido testigos en los últimos tiempos en este entorno.

Es por ello que Bob Hoffman considera en su blog Ad Contrarian que la publicidad online es corrupta por naturaleza y, aunque, ya somos conocedores, a estas alturas, de su aversión a todo lo que tenga que ver con el mundo 2.0, esta vez, viene con pruebas debajo del brazo.

Pero primero prefiere hacer una retrospectiva a los principios fundacionales de la publicidad online asegurando que todo comenzó con “una gran fantasía, la de que la gente querría interactuar con la publicidad online”.

Precisamente por esta interactividad, asegura, “nos dijeron que sería más efectiva que la tradicional”.

Una fantasía que permaneció en el pensamiento colectivo del sector durante años hasta que los datos hicieron ver el escaso interés de los consumidores en interactuar con estos anuncios.

Dadas las bajas tasas de clics, los editores optaron por un plan b: el de encontrar la manera de generar tráfico y/o clics para atraer a los anunciantes y obtener ingresos.

Y esa solución se tradujo en apostar por presentar la publicidad como si fuera otra cosa, algo que vino de la mano de una gran crisis publicitaria.

“Cuando ves un anuncio en televisión, en una valla o en una revista, no hay duda de lo que es, es un intento de vender algo”, explica Hoffman.

Sin embargo, la publicidad online es diferente, “poco transparente y sin escrúpulos. Es intencionalmente confusa y sus motivos son poco claros. Hace todo lo posible para esconder su intención real”.

Para demostrarlo muestra una captura del buscador de noticias de Yahoo! en el que aparece un anuncio disfrazado de noticia en los primeros puestos de los resultados.

Pero hay más pues, aunque la plataforma asegura estar comprometida con la seguridad de la información de sus usuarios, según The New York Times, en el año 2014 el chief security officer de la compañía recomendaba cambios que harían a la plataforma más segura utilizando encriptación end-to-end.

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Una iniciativa que se vio frustrada por la persona que dirige los servicios de email y mensajería porque “perjudicaría la habilidad de Yahoo! de indexar y buscar datos de mensajes”, es decir, de leer el correo de los usuarios y ofrecerles anuncios conforme a ellos.

¿El resultado? Un hackeo de 500 millones de cuentas.

Pero de esta “mentira” tampoco se libra Google que esconde tanto o más que su rival los anuncios en sus resultados de búsqueda, limitándose a señalar que se trata de publicidad a través de la palabra “patrocinado” en un color gris claro situado en la esquina derecha.

“Google hace el mínimo esfuerzo por identificar los anuncios tal y como marca la regulación. La apariencia global es tan similar a los resultados de búsqueda que la mitad de los usuarios no distingue entre un resultado pagado y uno legítimo y solo hay una explicación: Google está intencionalmente difuminando los límites”.

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Además, Google ha sido acusado por la FTC, tal y como recoge The Wall Street Journal, de haber manipulado “sus resultados de búsqueda para favorecer sus propios servicios sobre los de sus rivales incluso cuando éstos últimos son más relevantes para los usuarios”.

Y con Facebook más de lo mismo. La red social utiliza los nombres de los contactos de los usuarios para aparentar que respaldan el anuncio que se muestra.

Con los usuarios teniendo más en cuenta que nunca la opinión de sus allegados a la hora de decantarse por un producto, la plataforma utiliza ese elemento para hacer pensar que los “amigos” de los usuarios han clicado me gusta en el anuncio.

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La realidad es bien distinta, pues no es solo que no han clicado, sino que ni siquiera son conscientes de que sus nombres aparecen ahí o que hayan dado permiso para que se muestren.

Pero lo cierto es que el permiso se otorga en el momento en el que el usuario abre una cuenta de Facebook y acepta sin rechistar las “condiciones de privacidad”. A estas prácticas se le suma la manía de llamar posts sugeridos cuando en realidad son ¿anuncios?

No obstante, lo más preocupante de toda esta situación es, para Hoffman, el fenómeno de las fake news que se convierten en un círculo vicioso que no para de crecer junto a la tendencia hacia el clickbait.

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Se produce así un “desarrollo y aceptación de la publicidad nativa como una forma legítima de periodismo. A pesar de su nombre eufemístico, no es otra cosa que publicidad disfrazada de noticias”.

La necesidad desesperada de ingresos de los medios ha llevado incluso a que tengan sus propios departamentos para la creación exclusiva de estos “contenidos”.

“Es complicado estimar el daño que la publicidad online ha provocado en la credibilidad de los medios pero el hecho de que la población ya no sepa qué creer de la industria en la que un día confiaron, no es algo meramente accidental”.

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