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Lágrimas y virales, esa extraña pareja

Monty the PenguinCuando pensamos en vídeos virales, los primeros que se nos vienen quizás a la cabeza son esos vídeos de alegría contagiosa ante los cuales no podemos sino esbozar una sonrisa. Sin embargo, los sentimientos positivos no son los únicos capaces de dar alas a las viralidad. También los sentimientos negativos, o al menos no tan positivos, son potentes carburantes de la viralidad.

La clave de la viralidad está en conectar con las emociones humanas, tanto si esas emociones se traducen en sonrisas como si se traducen en lágrimas.

Un vídeo lacrimógeno (en su justa medida, eso sí) tiene en realidad muchas papeletas para convertirse en viral. Las ONGs son muy conscientes del arrebatador poder de las lágrimas. Buen ejemplo de ello son campañas como “Most Shocking Second a Day” de Save the Children, o “Unloved”, de The Mayhew Animal Home.

No obstante, también las grandes marcas tienen una amistad cada vez más estrecha con las lágrimas, esas lágrimas que, bien utilizadas, convierten en oro (casi) todo lo que tocan. El spot “Reunion”, que relata el reencuentro de dos viejos amigos gracias al algoritmo de Google, es una obra maestra de la publicidad y también de la viralidad.

También el popularísimo spot “Monty the Penguin” de John Lewis es único sacando la vena más “llorona” del consumidor y por eso precisamente es el fenómeno viral del momento. Los grandes almacenes británicos son auténticos maestros condimentando su publicidad con lágrimas. El año pasado su spot navideño “The Bear & The Hare” arrasó los ojos de lágrimas de muchos internautas y la marca anotó, como ahora, un auténtico “golazo” viral.

Las lágrimas brotan de las emociones humanas más variopintas, también del orgullo. ¿Un ejemplo? El emocionante spot de Banco de Chile para apoyar a la selección chilena de fútbol, un spot en el que paradójicamente los protagonistas nos son futbolistas sino los ya famosos mineros de San José, que permanecieron encerrados durante 69 días a 700 metros bajo tierra y vivieron para contarlo.

El tema de la familia es también un importante fábrica de lágrimas y Dove lo explotó en su día a conciencia en este viral en torno a la figura de los padres.

La “cocina” de las lágrimas no son otras que las emociones humanas, esas emociones humanas que tanto rezuman en este viral de Vodafone protagonizado por los dos últimos hablantes de la lengua precolombina Ayapaneco.

Pero, ¿por qué nos gusta tanto que la publicidad nos haga llorar? Es más, ¿por qué premiamos a este tipo de publicidad con la tan codiciada viralidad? La culpa la tienen nuestras emociones. Según un reciente estudio de la compañía especializada en vídeos sociales Unruly, el número de “shares” de una campaña aumenta exponencialmente cuando ésta desencadena reacciones emocionales fuertes. ¿Y qué hay más fuerte que la emoción agazapada en una lágrima?

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