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Las marcas podrán predecir quiénes serán sus futuros clientes

Microsoft ha encargado un interesante estudio para investigar las conexiones entre personas en las redes sociales ajo la hipótesis de que la mayoría de nuestros futuros amigos en los social media pueden predecirse desde un punto de vista puramente científico. El proyecto de esta investigación, realizado por Jure Leskovec, es fascinante, y los primeros resultados ya obtenidos parecen demostrar la hipótesis, según informa Simply Zesty.

Pero más allá de nuestras redes de amigos, estas investigaciones parecen cobrar un mayor interés ante la posibilidad de aplicarlas a las marcas y predecir quiénes serán sus futuros consumidores, antes incluso de que ellos lo sepan.

La investigación de Leskovec se basa en la idea de que las conexiones no son aleatorias y la mayoría pueden predecirse a través de comportamientos comunes, como comentar en blogs, unirse a grupos o leer determinados artículos. Según Leskovec, este comportamiento deriva en futuras conexiones en las redes sociales. Unas hipótesis que también pueden analizarse desde el punto de vista del concepto de los seis grados de separación. Pero, más allá de las conexiones entre personas, ¿qué pasaría si estas hipótesis se trasladan al ámbito del marketing?

Las marcas tienen un control cada vez mayor de la gente a la que pueden llegar a través de las redes sociales, y una capacidad enorme para segmentar los distintos grupos demográficos, los intereses personales o los contenidos que comparten. Pero las investigaciones de Leskovec, aplicadas al marketing, podrían llevar todas estas prácticas más allá, permitiendo que la publicidad llegue sólo a esas personas que las marcas saben que terminarán por ser sus clientes.

Esto implica crear un método para el marketing más científico, pero que ofrezca la oportunidad de buscar elementos en común entre los clientes ya existentes, crear patrones en función de ellos y buscar en la red a aquellos usuarios que encajen y, por tanto, puedan convertirse en nuevos clientes. Lo que ocurra después de encontrar a estos posibles clientes tendrá mucho que ver con la capacidad del marketing de las empresas, pero lo cierto es que ser capaz de ponerse delante de aquellas personas que podrían consumir tus productos representa uno de los cambios más significativos del targeting desde que apareció la publicidad social.

Pero, si estas investigaciones realmente llegan a aplicarse a las marcas, ¿quién será el dueño real de nuestras decisiones? En cierto modo, si este tipo de acciones llega a practicarse, la capacidad de elección de los usuarios queda fuera. Los consumidores no tomarán ya una decisión de forma natural u orgánica, sino que se recorta el tiempo de espera, se pone una marca delante de ellos y se adelanta su elección de compra. Es evidente que no se puede forzar a una persona a comprar, pero este tipo de segmentación supondría que la libertad de elección queda significativamente limitada, ya que a los consumidores podrían no llegarles otros mensajes de otras marcas para poder comparar y tomar decisiones realmente meditadas.

Por otro lado, para las marcas, aunque estas prácticas podrían ser algo muy positivo, existe un riesgo a la hora de aplicarlas. Y es que un consumidor que elige una marca por encima de otras después de comparar y valorar las opiniones de sus amigos, tendrá mucho más valor que otro que no ha tenido mucho donde elegir. Además, existe la posibilidad de que se sientan acosados o les moleste la limitación en el rango de elección. No hay que olvidar que a los consumidores les gusta ser dueños de sus propias decisiones, sobretodo si lo que se busca es crear una relación a largo plazo entre la marca y sus clientes.

 

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