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Las pequeñas iniciativas online no pueden confiar únicamente en la publicidad para ser viables

Redacción

Escrito por Redacción

Las empresas de Silicon Valley siguen buscando la manera de sacar el mayor provecho al dinero publicitario mientras todavía siguen apareciendo nuevas iniciativas que sueñan con hacerse de oro en tan solo unas semanas. Pero este sentimiento también se vive en Europa, con iniciativas como la británica TweetDeck, una empresa establecida cerca de Londres y de la que se rumorea que se encuentra en una batalla multimillonaria que enfrenta a Twitter con inversores que tratan de agrupar una serie de proyectos similares.

Este interés se debe, en gran medida, a la posibilidad de dirigir mensajes de marketing y publicidad a los millones de usuarios de Twitter y que no ha dejado de hinchar la burbuja en la que viven últimamente las empresas online. Y es que Google y Facebook han sido el gran ejemplo de cómo es posible ganar enormes cantidades de dinero con la publicidad en la red, una situación que incluso ha llevado a muchos a afirmar que los medios tradicionales están muriendo.

Una situación que podría llevarnos a pensar que las grandes marcas y los grandes anunciantes tienen que estar deseando poder empezar a invertir grandes cantidades de dinero en estos nuevos medios que están surgiendo. Pero la realidad no es así.

Para empezar, en muchos de estos servicios la forma de hacer que la publicidad funcione no es tan evidente. En el caso de Twitter, por ejemplo, no lo están teniendo demasiado fácil para encontrar un modelo eficaz. De hecho, su último experimento, que consistía en introducir una barra de trending topics bastante intrusiva en los servicios móviles, se entendió como un movimiento preliminar para encontrar la manera de hacer llegar mensajes publicitarios a los usuarios. Pero esta experiencia sólo consiguió una oleada de protestas por parte de los internautas y terminó por desaparecer, según ha publicado The Guardian.

Y es que si una simple herramienta que muestra mensajes crea semejante desaprobación por parte de los usuarios, cabe preguntarse qué hay que hacer para que estos nuevos servicios funcionen. Sobretodo si se tiene en cuenta que cualquier marca un poco avispada se dará cuenta de que no es necesario invertir nada en estos nuevos medios, ya que creando contenidos interesantes que puedan ser retweeteados de forma natural, pueden conseguir que se difunda su mensaje.

En este nuevo ecosistema, ha quedado más que demostrado que no se puede confiar en el dinero que se obtenga de la publicidad para crear un nuevo servicio. El caso de Spotify es un ejemplo perfecto de esta situación. Se presentó como un producto casi milagroso que permitía escuchar cualquier tema de forma instantánea y gratuita solo a cambio de escuchar algunos anuncios. Se trataba de cortes publicitarios de 30 segundos que las agencias ya sabían hacer, y que ofrecían unas posibilidades enormes de segmentación y obtención de datos, un sistema que, en teoría, se planteaba perfecto.

El problema es que con el tiempo se demostró que la publicidad no daba dinero suficiente para hacer que Spotify fuera viable y el tiempo de escucha que se puede conseguir en la versión gratuita es realmente corto. Algo que demuestra, una vez más, que los modelos de negocio fundados sobre la publicidad no siempre funcionan. En cambio, la versión por suscripción de Spotify sigue siendo excepcional, y ofrece un valor extremadamente positivo.

Es posible que las empresas de Sillicon Valley, y cualquier otra iniciativa que quiera tener éxito en la red, tengan que planear más sistemas que ofrezcan un gran servicio, pero por los que haya que pagar. Y es que se trata de un servicio que ya demostró su efectividad en el pasado.

 

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