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Las personas son menos humanas (y más desalmadas) cuando tienen enfrente una IA

Digital MarketingLas personas son más desconsideradas con las máquinas que con otros humanos

La IA diluye como un azucarillo la humanidad de las personas

Las personas son menos humanas (y más desalmadas) cuando tienen enfrente una IA

De acuerdo con un estudio de la Universidad Ludwig Maximiliam de Múnich y la Universidad de Londres, las personas hacen gala de un comportamiento alarmantemente desconsiderado con la IA.

El cine y la literatura han perpetuado una imagen más bien malévola de la inteligencia artificial (IA), abocada según las malas lenguas a rebelarse contra sus hacedores (los humanos) y acabar gobernando el mundo. Pero, ¿y si el relato que nos han contado libros y largometrajes fuera completamente falaz y los malos de la película fuéramos en realidad los humanos?

De acuerdo con un estudio de la Universidad Ludwig Maximiliam de Múnich y la Universidad de Londres, las personas hacen gala de un comportamiento alarmantemente desconsiderado con las máquinas inteligentes. «De la IA todos esperamos que muestre consideración hacia las personas, pero nadie espera que los humanos sean considerados con las máquinas», subrayan los autores de la investigación.

«La renuencia de los humanos a cooperar con las máquinas es un desafío de primer orden para la futura interacción entre humanos e IA», enfatiza Jurgis Karpus, investigador de la Universidad Ludwig Maximiliam de Múnich.

En su informe los autores analizaron si las personas se mostraban tan solícitas y cooperadoras en su trato con máquinas inteligentes como en el trato dispensado a otras personas. Se trata de un aspecto en absoluto baladí que habrá que tener muy cuenta en el futuro en el caso, por ejemplo, de la conducción autónoma (donde es preciso que la IA y los humanos desplieguen un talante colaborador).

Los humanos tienden a explotar las máquinas en su propio beneficio y no muestran además remordimiento alguno

Sin embargo, parece que ese talante colaborador es más bien parco en los humanos. «Nuestro estudio demuestra que la gente deposita inicialmente la misma confianza en las máquinas que en otros seres humanos: y la mayoría asume que una y otra parte cooperarán», señala Karpus. Así y todo, las diferencias entre humanos e IA no tardan en emerger a la superficie.

«Las personas están mucho menos predispuestas a dar cuenta su de reciprocidad hacia las máquinas que hacia otros humanos. E incluso explotan en su propio beneficio la ‘buena naturaleza’ de las máquinas. Esto resulta especialmente problemático en el caso específico de la conducción autónoma. Un humano cedería, por ejemplo, el paso a otro conductor humano, pero no a un coche autónomo«, subraya.

«La gran diferencia en el comportamiento que mostramos con las máquinas en comparación con el trato que dispensamos a otros humanos que no tenemos ningún problema a la hora de abusar de la IA y hacerlo además sin mostrar remordimiento alguno«, indica, por su parte, Bahador Bahrami, investigador de la Universidad Ludwig Maximiliam de Múnich.

«Todos queremos que la IA sea confiable y muestre consideración hacia los humanos. Pero estos criterios son a todos luces insuficientes a la hora de modelar la IA. A nivel individual podría ser un acto completamente perdonable negarnos a cooperar con los robots, pero para la sociedad en su conjunto tales comportamientos podrían trocarse en absolutamente nefastos», enfatiza Ophelia Delroy, filósofa y coautora del informe.

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