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El negocio del Big Data: nuestra privacidad al mejor postor por apenas unos céntimos

El negocio del Big Data: nuestra privacidad al mejor postor por apenas unos céntimos¿Se ha parado a pensar cuántas veces a lo largo de los últimos meses ha dado permiso para que se utilicen sus datos? Una pregunta para la que seguro le costará encontrar una respuesta. Y más si tenemos en cuenta que no hablamos sólo de cookies por ejemplo.

El comercio electrónico, las páginas que visitamos o las aplicaciones que utilizamos son sólo algunos de los puntos que conforman nuestra huella digital. Un rastro que nos define más de lo que nos paramos a pensar y que puede ayudar a elaborar un preciso perfil de la persona que somos.

No es de extrañar que el Big Data haya sido bautizado como el petróleo del siglo XIX. La nueva moneda de cambio por la que cada vez más y más empresas están dispuestas a desembolsar millonarias cantidades.

Aunque pensemos que controlamos completamente nuestros hábitos de navegación en internet, los algoritmos son cada vez más sofisticados. Unas avanzadas tecnologías que, en aras de la personalización y mejoras de los servicios, están consiguiendo conocernos mejor que nosotros mismos.

¿Cuánto valen nuestros datos?

Una pregunta cuya respuesta va a sorprenderle: mucho menos de lo que después se puede ganar con ellos. El ejemplo lo encontramos en un reciente análisis realizado por Amnistía Internacional.

La organización ha tomado como punto de referencia los datos con los que trabajan en la firma Exact Data. La compañía ha pagado 126.851 euros por los datos de 1,8 millones de musulmanes según recogen desde El País.

Un cálculo rápido nos hace saber que cada una de las personas a las que pertenecen estos datos le cuesta a la compañía siete céntimos de euro.

Seguro que le ha llamado la atención el hecho de comprar datos de 1,8 millones de musulmanes. Una compra que se entiende mejor si señalamos que la firma presume de tener una base compuesta por más de 200 millones de contactos en Estados Unidos. Unos datos que pueden ser filtrados a través de 450 categorías entre las que se encuentra la religión o la etnia por citar algunas.

Miguel Ángel Calderón, director de Comunicación en España de Amnistía Internacional ha mostrado su preocupación ante estos hechos. En sus palabras, el que se pueda comerciar con este tipo de listados “hace posible que se utilicen para iniciativas que podrían vulnerar los derechos humanos”.

La explosión del Big Data

El avance del Big Data lo ha cambiado todo. Datos que podemos no dar importancia y que se presentan como aislados, cruzados con otros como los likes de Facebook se erigen como auténticas minas de oro digitales.

No es de extrañar que la legislación tenga que modificarse. Será en 2018 cuando entre en vigor el nuevo reglamento europeo sobre protección de datos con normativas más estrictas que las actuales.

El objetivo es que todo sea más transparente ante casos como el de la empresa citada en este artículo. La investigación de Amnistía Internacional pone de manifiesto que esta firma (al igual que muchas otras) lo sabe todo sobre nosotros pero nosotros nada de ellas.

De esta forma actúan en el viejo continente hasta 50 compañías de data brokers. La cifra resulta imposible de estimar en Estados Unidos o Asia.

Álvaro de Ortigosa, director del Centro Nacional de Excelencia en Ciberseguridad (CNEC) de la Universidad Autónoma de Madrid, explica que nos hemos acostumbrado a “ceder nuestros datos para cualquier cosa sin pensar que eso es inseguro y que valen un dinero”.

“Aparte de pensar en la privacidad, deberíamos pensar también en la seguridad, en la vulnerabilidad de esas bases de datos, que son muy jugosas”, advierte. Todos como usuarios tenemos la responsabilidad de leer la tediosa letra pequeña para conocer las consecuencias.

Además, no piense que estas empresas recaban nuestros datos únicamente a través de las redes sociales o los sites. Ahora, vuélvase a formular la pregunta con la que abríamos esta noticia.

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