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¿Serán las máquinas conscientes de su propia existencia?

¿Piensa (y siente), luego existe, la pujante inteligencia artificial?

AI"Cogito ergo sum" (Pienso, luego existo). Durante décadas el cine y la literatura han fantaseado con máquinas que, dueñas de portentosa inteligencia (equiparable a la de los humanos), son conscientes de su propia existencia y están incluso capacitadas para sentir.

En la actualidad la inteligencia artificial ha dejado de ser una entelequia para convertirse en una realidad capaz de hacer factible (más pronto que tarde) el lema “Cogito ergo sum” en el universo aparentemente frío e inhumano de las máquinas.

Sobre la consciencia de las máquinas giró precisamente un debate a tres bandas celebrado el pasado domingo en el marco de la conferencia DLD en el que participaron Ina Fried (Axios), Alexander Del Toro Barba (VisualVest) y Jürgen Schmidhuber (IDSIA).

A juicio de Schmidhuber, que las máquinas sean capaces de sentir emociones no es ninguna elucubración futura, es ya una realidad en el presente. El investigador asegura que los robots desarrollados por su equipo están realmente capacitados para actuar emocionalmente y, de hecho, lo hacen. “Al inicio de su proceso de aprendizaje no saben cómo evitar ciertas situaciones, pero con el tiempo aprenden”, asegura Schmidhuber, cuyos robots están pertrechados de sensores de dolor.

Por su parte, Del Torno señala que “hay diferentes niveles de consciencia”. Y la consciencia humana no siempre coincide con la de los robots, añade. “La consciencia no tiene una definición universal”, apostilla Schmidhuber.

“Es sumamente sencillo alumbrar sistemas capacitados para prever lo que va a pasar en el futuro”, asegura Schmidhuber. Y esta capacidad puede influir en la habilidad de las máquinas para ser conscientes de sí mismas y de su propia naturaleza.

Las máquinas son increíblemente diestras aprendiendo cosas nuevas, también cosas que nada tienen de bueno como el racismo. Y esta circunstancia pone inevitablemente una pregunta sobre la mesa, afirma Del Toro Barba: ¿deberíamos dotar a la inteligencia artificial de valores éticos?

El problema, asegura Del Toro Barba, es que las ideas éticas y morales están fuertemente enraizadas en la religión, el lugar de origen y los posicionamientos sociales y culturales. “¿Debería haber inteligencias artificiales con valores éticos del Vaticano y otras con puntos de vista íntimamente relacionados con el Islam?”, se pregunta. “¿Se atreverán las máquinas en el futuro a cuestionar los valores que les han sido previamente programados?”, apunta.

Schmidhuber se muestra, no obstante, bastante optimista a la hora de hacer frente a una problemática de semejante calado. “Si quieres construir una máquina inteligente, es mejor que le des libertad para inventar sus propios problemas”, dice. Y esto concierne también a los problemas relativos a los valores. Puesto que no hay valores éticos uniformes en los humanos, tampoco los habrá probablemente en las máquinas, aventura.

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