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La publicidad digital es un monstruo (y da bastante más miedo que el de Stranger Things)

monstruoLa serie Stranger Things, una magnífica amalgama de los universos de Stephen King, Steven Spielberg y J.J. Abrams, ha dado muchísimo que hablar (por buenos motivos) en los últimos meses.

En esta producción de Netflix, ambientada en los años 80, tiene un papel protagonista un terrible monstruo que habita en el "mundo del revés", una suerte de universo paralelo donde ha quedado atrapado un niño al que su madre y sus amigos buscan desesperadamente.

Ni que decir tiene que el monstruo de Stranger Things es absolutamente pavoroso y corta el aliento el aliento del espectador cada vez que se cuela en el metraje de la serie. Sin embargo, los monstruos (espeluznantes) no habitan sólo en la ficción. A veces se dejan ver también en el mundo real.

Es el caso, por ejemplo, de la publicidad digital, un monstruo de dimensiones gigantescas creado con alevosía y nocturnidad por los propios marketeros.

La publicidad digital encaja perfectamente en la definición de monstruo. Es enorme y da tantísimo miedo precisamente por su desmesurado (y casi inabarcable) tamaño. Además, y como el monstruo de Stranger Things, es aparentemente imbatible. Nadie parece poder con él.

Pero, ¿cómo de grande es ese monstruo? Para responder a esta pregunta bastan unas cuantas y estratosféricas cifras. Google, uno de los músculos de fuerza más hercúlea del monstruo, sirve a diario 30.000 millones de impresiones publicitarias o lo que es lo mismo, 900.000 millones de impresiones mensuales y 10,3 billones de impresiones anuales.

Facebook, otro de los músculos más vigorosos del monstruo, ingresará este año en sus arcas aproximadamente 6.000 millones de dólares en publicidad.

El monstruo dispone de múltiples cabezas y tentáculos que hacen casi imposible que las víctimas potenciales, los pobres internautas, puedan escapar de sus garras.

En vista de la fiereza del sanguinario monstruo en que se ha convertido en los últimos tiempos la publicidad digital, no resulta extraño que el internauta se esté aprovisionando de armas (de ad blockers, por ejemplo) para resistir el acoso de la bestia, explica Maarten Albarda en un artículo para Mediapost.

La dieta de ese monstruo insaciable llamado publicidad online consiste en engullir (como si no hubiera mañana) consumidores y también presupuesto publicitario. Y si bien el suministro de pobres e inocentes humanos es de alguna manera limitado, la provisión de presupuesto publicitario (el que acaba después en el estómago del monstruo) parece ilimitada.

Los guardianes del presupuesto publicitario parecen empeñados en que los muchísimos dólares que obran en su poder acaben, sí o sí, en los múltiples y mórbidos epigastrios del monstruo.

Al principio los guardianes (y dueños) del presupuesto publicitario no comprendían demasiado bien la dieta del terrorífico monstruo y por eso decidieron parapetarse detrás de terceros para dar de comer al monstruo.

Esos terceros, una suerte de “celadores”, cobran una tarifa a los guardianes por hacer su trabajo (alimentar a la bestia), pero como esa tarifa deja cada vez menos dinero en sus manos (al fin y al cabo, los guardianes han perdido el miedo y ceban ya por su propia cuenta y riesgo al engendro que ellos mismos han creado), algunos “celadores” sin escrúpulos se han sacado de la chistera alimentos falsos en forma de bots para saciar al monstruo.

Los guardianes del presupuesto publicitario y los “celadores” que alimentan al monstruo piensan únicamente en sus propios intereses. Y viven actualmente de enzarzados en eternas discusiones sobre quién es más honesto, más listo o más creativo dando de comer a la bestia.

En sus discusiones no sale jamás a colación el pobre (y acorralado) consumidor y mientras tanto el monstruo sigue creciendo (para acabar despedazando quizás algún día a sus creadores).

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