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¿Puede la Web3 desinflar la influencia de las todopoderosas

Digital MarketingLa pujante Web3 podría restar poder (o no) a las "Big Tech"

¿Hará la Web3 tambalear a las "Big Tech"?

¿Puede la Web3 desinflar la influencia de las todopoderosas "Big Tech"?

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

La Web3 aboga por la construcción de una nueva red de redes donde las "Big Tech" no sean las dueñas y señoras de los datos y los comercialicen a su antojo.

La Web3 y la descentralización solapada a este concepto está en boca de todos y no sin razón. Al fin y al cabo, cuando hablamos (por los codos) sobre la Web3, hablamos también de resetear la red de redes tal y como hoy la conocemos y de levantarla sobre cimientos completamente nuevos.

El concepto de Web3 fue introducido por primera vez en 2014 por Gavin Wood, el fundador de Ethereum, en un momento en que las explosivas revelaciones de Edward Snowden demandaban un urgente cambio de modelo en internet para que los datos personales de la gente no estuviesen a expensas de unos pocos titanes digitales. En 2017 Wood fundó la Web3 Foundation y desde entonces lleva trabajando incansablemente en este concepto.

Hoy en día la Web3 es un concepto con ramificaciones mucho más allá de la protección de datos. Y aboga por la construcción de un nuevo universo digital donde no haya ninguna autoridad central y donde las «Big Tech» no sean las dueñas y señoras de los datos y los comercialicen a su antojo.

¿Hacia una red de redes descentralizada?

De acuerdo con los principios de la Web3, las infraestructuras de redes, el almacenamiento de datos, la adjudicación de dominios, las monedas, las plataformas de e-commerce y entretenimiento y todos los procesos y tecnologías que confluyen en internet deberían descentralizarse en aras de una mayor democracia.

En la red de redes que propugna la Web3 todos los sistemas y los procesos deberían ser canalizados mediante tecnologías de contabilidad distribuida, fundamentalmente el blockchain, que es una secuencia concatenada de bloques de datos que es 100% transparente y no está a merced de ningún cambio. En la tecnología blockchain los datos son almacenados de manera descentralizada por quienes toman allí parte (y no pueden, por ende, ser hackeados).

El objetivo es dar forma a una cultura «trustless» en el que el abuso de poder no tenga cabida y la confianza deje a la postre de ser estrictamente necesaria.

Si la Web3 logra eventualmente imponerse en la red de redes, quienes hoy ejercen allí de «gatekeepers» (Google, Meta, Microsoft, TikTok y compañía) perderían inevitablemente relevancia. Y darían paso a las denominadas DAO, organizaciones autónomas descentralizadas.

La revolución planteada por la Web3 es de dimensiones absolutamente ciclópeas porque cambiarían por completo las reglas del juego y todos los que se desenvuelven en internet (aun siendo noveles) tendrían idénticas oportunidades de prosperar (sin temor a que Google y Facebook les pisoteen impunemente).

La Web3 carga con no pocos contras sobre los hombros

Sin embargo, no todo es de color de rosa en el universo de la Web3, que está lastrada por no pocos problemas de imagen. Bitcoin, Ethereum y otras criptomonedas (que son una pieza clave en este ecosistema de nueva hornada) no han demostrado por lo pronto ser divisas totalmente seguras ajenas a cualquier manipulación por parte de los bancos centrales. Las criptomonedas no solo juegan un rol protagonista en el crimen organizado sino que están también sujetas a violentas fluctuaciones en el precio (en los últimos tiempos sobre todo a la baja). Bitcoin, sin ir más lejos, rebasó la barrera de los 70.000 dólares el pasado otoño y este verano su valor apenas superaba los 20.000 dólares. En los mercados financieros se especula desde hace tiempo sobre un eventual final del «boom» de las criptomonedas.

Además, y aunque la Web3 no es ni mucho menos un concepto nuevo, se trata también de una idea difícilmente aprehensible para muchos internautas. Además, hoy por hoy hay pocos proyectos más allá del ámbito tecnológico donde la filosofía de la Web3 eche raíces en los mercados B2B y B2C.

Buena parte de la euforia en torno a proyectos imbuidos de la filosofía de la Web3 ha terminado disipándose con el tiempo. Hace unos años hubo un animado debate sobre la eventual migración de la industria de la publicidad programática a la tecnología blockchain. Sin embargo, nada realmente concreto brotó de aquel debate.

Conviene además hacer notar que la tecnología blockchain lleva aparejados onerosos gastos en electricidad, por lo que la Web3 no se ajusta a bote pronto al futuro (necesariamente sostenible) que se avecina. Ethereum ha desarrollado, no obstante, un nuevo proceso que menguaría en nada más y nada menos que en un 99,5% el gasto en electricidad asociado al blockchain. Pero incluso si este proceso funcionase, seguiría resultando extraordinariamente complejo y devoraría muchísimo tiempo en comparación con otras alternativas.

La arrebatadora popularidad de la Web3 echa anclas en los NFT y el metaverso

Sin embargo, si en torno a la Web3 aletean tantísimos problemas, ¿por qué este concepto es el nuevo «hype» del momento? Básicamente porque la Web3 entronca de manera directa con dos desarrollos que están actualmente en la cresta de la ola: los tokens no fungibles (NFT) y el cacareado metaverso.

Aunque el metaverso no es necesariamente deudor de manera impepinable de la Web3, muchos asumen que en los años venideros los diferentes metaversos estarán conectados entre sí y los productos y los contenidos allí distribuidos no estarán a expensas de ningún intermediario sino de los propios desarrolladores y creadores. En esa red de redes abierta serían necesarios productos y monedas de naturaleza descentralizada, por lo que entran inevitablemente en escena el blockchain y los NFT.

La feliz amalgama de metaverso y NFT está dando fuelle hasta límites insospechados a al Web3, en la que están posando los ojos cada vez más compañías, en particular las marcas de estilo de vida.

Así y todo, la Web3 debe bregar asimismo con otro importante obstáculo: a diferencia de otras grandes innovaciones de internet (Google, las redes sociales o los smartphones), este concepto no nace para dar respuesta a ninguna necesidad específica del usuario. La simplicidad, la conveniencia y la experiencia de usuario han jugado siempre un papel extraordinariamente relevante en el desarrollo de internet y estos tres factores brillan más bien por su ausencia en la Web3, que por eso está aún muy lejos de despertar entusiasmo entre el gran público, un entusiasmo que sí logran despertar, en cambio, las tecnologías de las «Big Tech».

 

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