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¿Quiere ser el rey del engagement? No realice la virtualidad, virtualice la realidad

virtualMucho se ha hablado de la realidad virtual en los últimos meses y es que, no cabe duda de que ofrece un nuevo mundo de posibilidades a diversidad de sectores del mercado para mejorar las experiencias de los consumidores y conseguir un mayor engagement.

La apuesta de las grandes compañías les asegura un prometedor futuro en la industria audiovisual, de entretenimiento y, por supuesto, en la marketera. Y lo cierto, es que, al fin y al cabo, estos tres sectores comparten elementos comunes.

Tanto las películas, como los videojuegos o la publicidad tratan de crear un producto que transporte al consumidor a una realidad. Y de eso trata la virtualidad, de convertirla en algo real.

Este factor es una de las claves del éxito de esta tecnología pero también es, al mismo tiempo, uno de los motivos de su fracaso.

Es decir, no basta con sumarse a la tendencia virtual para no quedarse atrás en la evolución de la industria sino que, hay que ir un paso más allá creando un producto perfecto, una herramienta con alto potencial de engagement.

Las barreras para la implementación de la virtualidad en los productos son todavía altas. Grandes presupuestos que permitan labores de filmación, postptoducción o el acceso de los usuarios a la tecnología son algunos de los retos que todavía impone la realidad virtual.

Y no serán fáciles de superar pues, esta nueva tecnología podría tener un final similar al del 3D, que nunca llegó a despegar del todo ni a ofrecer una verdadera experiencia mejorada al usuario.

Aunque de momento la realidad virtual parece ir por ese mismo camino, las compañías tecnológicas ya trabajan para superar el primer y gran obstáculo para su penetración en el mercado, la accesibilidad del público con precios asequibles de los dispositivos que permitan el consumo de masas.

Se trata de una experiencia global en la que ningún detalle puede quedar suelto, desde el concepto y la creatividad hasta la tecnología porque no se trata de crear un mundo de ficción e introducir al usuario en él, sino de trasladar el mundo real a la ficción del consumidor.

No es una tecnología más, es una apuesta que la industria ya ha hecho y no tiene vuelta atrás. La línea que separa el éxito del fracaso en este terreno es extraordinariamente fina y, la pericia de mantenerse a un lado o al otro está en manos de los creadores.

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