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La realidad virtual, una seria amenaza para la profesión más antigua del mundo

prostitucion 300Los avances tecnológicos han cambiado sin duda alguna la forma en la que nos comunicamos, trabajamos o nos relacionamos. Y lo ha hecho a gran velocidad, pues en apenas 20 años hemos visto nacer y desarrollarse a las redes sociales, el marketing digital e incluso la realidad virtual.

Ha sido precisamente ésta última la que más ha dado que hablar en la industria debido a las enormes posibilidades que ofrece a los consumidores en su día a día. Y es que, aunque ya está plenamente en el mundo gaming, este mismo año se prevé que se introduzca en las rutinas de los consumidores.

Tanto calado tiene que muchos ya especulan con la posibilidad que puede ser una auténtica amenaza para la profesión más antigua del mundo. Sí, la prostitución.

Las enormes inversiones que grandes compañías como Facebook, Google o Sony han hecho en este campo han dado lugar a muchos campos en los que ya se hace uso de la realidad virtual como el periodismo con iniciativas como las del NYT, en la política, el entretenimiento y, por supuesto, el porno.

Y lo cierto es que la industria pornográfica ya comienza a utilizar esta tecnología en algunas películas para conseguir que la experiencia sea lo más parecido a la realidad posible, haciendo así disfrutar todavía más a sus espectadores.

Pero no solo esto sino que, si unimos estas películas virtuales a los nuevos juguetes sexuales conectados a internet diseñados para simular el tacto de otra persona, parece que las prostitutas deberían empezar a preocuparse.

En el año 1948, el 69% de los hombres americanos admitían haber tenido al menos una experiencia con una prostituta mientras que en 1990 esta cifra desciende hasta el 15%.

Si la aparición de todo tipo de juguetes sexuales y eróticos y de una mayor producción de películas dio lugar a este descenso, la inmediata llegada de la realidad virtual puede suponer el fin de esta profesión.

Pero no solo se puede aplicar a este tipo de relaciones, sino que también supone la independencia sexual absoluta, pues permite que los individuos obtengan el mismo placer sexual solos que acompañados.

La cuestión que surge a raíz de esto es si están dispuestos los consumidores a cambiar la piel y el contacto físico por unas gafas y un aparato electrónico.

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