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Redes sociales y contenido en vídeo: ¿nos pone en peligro el formato "bocado"?

bocado¿Cada cuánto debo distribuir mis contenidos en las redes sociales? Esta es una de las preguntas que más nos estamos haciendo en los últimos tiempos. Y más si buscamos complacer a los millennials en lo que a consumo de vídeo se refiere.

Un terreno en el que prácticamente hemos escuchado de todo. Desde, si no hemos sido capaces de captar la atención durante los primeros cinco segundos hemos perdido al usuario a, únicamente disponemos de los 10 primeros segundos para despertar el interés y generar recuerdo de marca. Los marketeros se están volviendo literalmente locos ya que se rigen por la máxima de que todo lo que dure más de 30 segundos no es adecuado para los más jóvenes.

Ante esta marea de informaciones con la que contamos (apenas hemos mostrado la punta del iceberg), lo cierto es que hay una cosa clara que no debemos olvidar: nuestros lapsos de atención cada vez son más reducidos y más, si hablamos del vídeo online. Hecho que, por poco que nos guste, nos lleva a reducir la extensión de los contenidos a no ser que queramos quedarnos fuera de juego.

Un escenario al que se suben sin dudarlo las redes sociales como activadores del interés del usuario. Plataformas donde el vídeo desempeña un papel cada día más importante y que las marcas no deben olvidar. Y para aquellas con problemas de memoria, basta decir que Facebook cuenta ya con 1.700 millones de usuarios activos mensuales mientras que Instagram ya ha superado la barrera de los 500 millones.

No es de extrañar que los medios de comunicación social despierten el interés de unos marketeros que no quieren perder su jugoso pedazo de pastel. Estos no dudan de que los vídeos se erigen ahora como la forma más efectiva no solo para llegar a sus clientes sino para atraer nuevos.

¿Cuál es el camino a seguir?

Una cuestión a la que no conviene responder de forma rápida dejándonos guiar por las primeras hipótesis o datos que llegan a nuestra cabeza. Estamos siendo testigos de una proliferación de vídeos de corta duración con una grave consecuencia: estamos perdiendo la capacidad de contar una historia convincente durante un corto espacio de tiempo.

Una afirmación que cuenta casi con el mismo número de detractores que defensores. Por un lado nos encontramos los creen que no podemos contar una historia sólida y concluyente en 30 segundos o menos. Por el otro, aquellos que ven una oportunidad única para conseguir centrar la atención sobre los puntos más importantes en un reducido espacio de tiempo.

Hasta aquí lo cierto es que ambas parten tienen sus argumentadas razones para decantar la balanza a un lado u otro. Y es que la verdadera pregunta no reside en las cuestiones planteadas a lo largo de este artículo sino en una que debería hacernos vigilar nuestro futuro: ¿qué pasará si continúan reduciéndose los lapsos de atención?

Estamos corriendo el riesgo, tal y como afirma acertadamente Lee Bassin, productor senior de TV en declaraciones concedidas a The Drum, de que las marcas pierdan el control en la creación de estos contenidos en formato bocado de escaso recuerdo.

El desafío ahora pasa por evitar que toda una generación (varias en el más apocalíptico de los pronósticos) pierda la capacidad de prestar atención a cualquier pieza que supere un par de minutos. ¿De verdad es este el futuro que queremos?

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