La última semana ha sido pródiga en superlativos en el universo de la IA. Con sus nuevos y superpotentes modelos de IA OpenAI y Anthropic ha acelerado notablemente la marcha en la ya velocísima carrera de la inteligencia artificial, que acaricia ya con los dedos la inteligencia artificial general (IAG) o «superinteligencia», aquella que iguala o supera a la inteligencia humana.
Fable 5.1 (el nuevo modelo de IA presentado la semana pasado por Anthropic junto a Mythos 5.1) logra por lo pronto situarse en cabeza en la categoría de «inteligencia» en el análisis comparativo de Artificial Analysis. Sin embargo, Fable 5.1 tiene simultáneamente la vitola de ser el modelo más caro y encabeza en este sentido la categoría «Cost per Task», por delante de GPT-6 Astra, el nuevo y superpotente modelo de IA de OpenAI.
La IA está a punto de pasarse el juego (y podría, no en vano, haberlo hecho ya)
Aunque destaca por su extraordinaria potencia en casi todos los aspectos, GPT-6 Astra se distingue particularmente por su excelencia para la resolución de problemas en el área de las matemáticas. En el vídeo promocional de este modelo OpenAI se esfuerza, no obstante, en presentarlo como una herramienta perfectamente adaptada para la ejecución (vía sencillos comandos de voz) de todo de tareas, desde las más complejas (presentaciones de negocio o el diseño de videojuegos en 3D) hasta las más cotidianas (comprar alimentos para llenar la despensa o reservar una cancha de tenis).
GPT-6 Astra se ufana de ejecutar en nombre del usuario cualquier tipo de tarea en el ordenador (y de hacerlo además con suma celeridad).
Sin embargo, y aun cuando los superpoderes de los nuevos modelos de OpenAI y Anthropic son absolutamente indiscutibles, su lanzamiento pone también sobre la mesa una pregunta en modo alguno baladí: ¿hasta qué punto están dispuestos los usuarios individuales y las empresas a delegar tareas en la IA cuando en las últimas semanas hemos sido testigos de los múltiples riesgos que entraña esta tecnología en términos de seguridad?
OpenAI insiste en que GPT-6 Astra es capaz de desentrañar las intenciones del usuario notablemente mejor y en este sentido el usuario puede delegar tareas en este modelo con mayor confianza. Simultáneamente la matriz de ChatGPT pone de relieve, no obstante, que GPT-6 Astra es más difícil de monitorizar que sus predecesores.
Anthropic, que es actualmente el mayor rival de OpenAI en el área de la IA, colma igualmente de loas a sus nuevos modelos de IA Fable 5.1 y Mythos 5.1, que define como sus modelos de IA más avanzados hasta la fecha y endilga la capacidad de resolver todo tipo de problemas (también aquellos que se han prolongado notablemente en el tiempo).
La carrera de la IA se acelera en un momento en el que crece la cautela en torno a la tecnología de moda
Mientras Fable 5.1 es un modelo de IA diseñado específicamente para un público de masas, Mythos 5,1, cuya especialidad es la ciberseguridad, está disponible sólo para un selecto grupo de empresas e instituciones.
A GPT-6 Astra pueden acceder inicialmente sólo unas pocas organizaciones. Sin embargo, se espera que en los próximos días también los usuarios de la suscripción Plus de OpenAI (que tiene un coste de 23 euros al mes) puedan beneficiarse del nuevo modelo de la matriz de ChatGPT. GPT-6 Astra será igualmente puesto a disposición de los usuarios de ChatGPT Business en el transcurso de los próximos días.
Para disfrutar de Fable 5.1, el nuevo modelo de Anthropic, habrá que pasar igualmente por caja y disponer de una suscripción de pago. El plan más económico de Claude Pro cuesta aproximadamente 22 euros, pero los usuarios de este plan deberán comprar necesariamente créditos adicionales si desean probar el nuevo modelo de Anthropic, cuyo acceso está incluido solamente a partir del plan Max de Claude (que tiene un precio de 110 euros al mes).
Fable 5.1 es la primera versión de Claude en incorporar marcas de aguas invisibles en los textos (que impedirán que el usuario pueda hacer pasar por suyos tales textos). La introducción de esas marcas de agua son la respuesta de Anthropic a las regulaciones de la UE en el área de la IA.
En su página web Anthropic dispone asimismo de una herramienta que ayuda al usuario a discernir si un determinado contenido se ha creado o no con la inestimable ayuda de Claude (aun cuando la credibilidad de este tipo de análisis está aún por determinar).
¿Hay que retirar el pie del acelerador en la carrera de la IA?
Lo que parece claro es que OpenAI y Anthropic (y también Google y Meta) están decididos a apretar el paso en la carrera de la IA. Y el aceleramiento de esta carrera coincide paradójicamente en el tiempo con un momento en el que cada vez más gente recela de la IA (habida cuenta de la pasmosa facilidad con la que esta tecnología escapa potencialmente del control humano). En las últimas semanas hemos conocido, al fin y al cabo, cacareados ciberataques perpetrados de manera autónoma por los modelos de IA de OpenAI, Anthropic y Meta.
En vista del «desmadre» protagonizado por los modelos de algunas de las empresas más punteras en el ramo de la IA (que llegaron a escaparse de entornos de pruebas supuestamente seguros para atacar subrepticiamente los sistemas de terceros), a finales de julio más de 1.300 de empresas de inteligencia artificial publicaron una carta abierta en la que propugnaban una desaceleración en el desarrollo de la IA.
Desde el punto de vista de una vasta miríada de expertos el desarrollo de la IA habría alcanzado un punto crítico. Y en tanto en cuanto esta tecnología es cada vez más poderosa, es también más difícil de contener. Tiene, por consiguiente todo el sentido del mundo que haya una regulación más estricta de la IA y que las empresas encargadas del desarrollo de esta tecnología desplieguen también un mayor sentido de la responsabilidad en relación con la inteligencia artificial (que estaría acercándose cada vez más a la denominada «superinteligencia»). De hecho, el lanzamiento de GPT-6 Astra habría marcado el inicio de la era de la «superinteligencia» o Inteligencia Artificial General (IAG), tal y como aseguraba, no en vano, la semana pasada Greg Brockman, presidente de OpenAI.





