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El lado más oscuro de Silicon Valley

Sexo, drogas y litros de alcohol corren por las venas (misóginas) de Silicon Valley

Silicon ValleySu nombre está asociado a la creatividad, al riesgo y a la tecnología que hace más fáciles nuestras vidas. Hablamos de Silicon Valley. En el valle más tecnológico (y probablemente más multimillonario) del planeta tienen su hogar empresas como Apple, Facebook y Google y también centenares de startups de nueva hornada.

Algunas de las startups afincadas en Silicon Valley desaparecen del mapa (tan rápido como aparecieron), otras permanecen y convierten a sus fundadores (a menudo muy jóvenes) en millonarios casi de la noche a la mañana.

Silicon Valley, donde el ingenio “techie” corre a raudales por las venas de quienes allí se desenvuelven profesionalmente, parece un cuento de hadas adaptado al siglo XXI. Sin embargo, lo cierto es que este idílico lugar tiene también un lado oscuro.

El lado menos bonito (y más escandaloso) de Silicon Valley es precisamente el que la periodista de Bloomberg Emily Chang se ha propuesto destapar en el libro Brotopia: Breaking Up the Boy’s Club of Silicon Valley.

Por Silicon Valley campan a sus anchas no sólo los unicornios (las startups con un valor de mercado superior a los 1.000 millones de dólares) sino también los “machos alfa”, el nepotismo y la misoginia.

En Silicon Valley las reuniones entre CEOs e inversores (vitales para inyectar dinero a las startups) no se desarrollan entre las cuatro paredes de un despacho convencional sino en fiestas en las que las drogas, el alcohol y el sexo son la tónica habitual, asegura Chang en su libro.

Del fantástico entretenimiento (psicotrópico y lujurioso) que prodiga Silicon Valley a los que allí trabajan se benefician sobre todo y ante todo los hombres. Las mujeres están lamentablemente condenadas al ostracismo en el valle más “techie” sobre la faz de la Tierra, denuncia Chang. De hecho, en los meagaeventos allí celebrados (a imagen y semejanza de lo que tienen lugar en Hollywood) las mujeres son tratadas a menudo como meros “trozos de carne” (y eternamente a disposición de la ávida entrepierna de los hombres allí presentes).

Las fenomenales fiestas de Silicon Valley se celebran habitualmente en secreto y las invitaciones para participar en ellas rara vez llegan a “noveles”. Se celebran en fastuosas mansiones del barrio Pacific Heights de San Francisco, en las colinas de Atherton o Hillsborough, en las playas de Malibú o en las villas de Napa Valley. Si el anfitrión puede permitírselo, las fiestas se trasladan en ocasiones hasta la isla de Ibiza.

“Los lugares cambian, pero los participantes y los motivos que se esconden detrás de tales fiestas sexuales son siempre los mismos”, escribe Chang en un artículo para la revista Vanity Fair.

Para evitar que la celebración de estas controvertidas fiestas llegue a oídos de personas fuera del “círculo de confianza” de los anfitriones, las invitaciones se hacen habitualmente de forma verbal (aunque también a través de Facebook y Snapchat).

A estos festejos los hombres pueden acudir acompañados de tantas mujeres como deseen, pero no se les permite en ningún caso traer a acompañantes masculinos. Las apetencias de los hombres homosexuales y bisexuales son sistemáticamente ignoradas en estas fiestas, donde hay siempre al menos dos mujeres por cada varón.

Los invitados a las fiestas de Silicon Valley suelen ser inversores y fundadores, aunque de de vez cuando se cuela alguna “celebrity” ajena al sector tecnológico. Desde que el evento da inicio, el alcohol y las drogas circulan de manera profusa entre los invitados, que beben los vientos por sustancias como el MDMA o Molly. En ocasiones las drogas llevan estampado el logo de la empresa que organiza la fiesta, donde muchos invitados no esperan al postre y comienzan a intimar antes de finalizar el almuerzo o la cena.

De todos modos, las fiestas de Silicon Valley no terminan siempre de manera salvaje. A veces los participantes se limitan a dormir acurrucados entre pieles y mantas en habitaciones dispuestas ad hoc. En otras ocasiones los hombres acaban con dos o más mujeres en el dormitorio. Y la mañana siguiente la fiesta continúa.

“Algunos hombres llevan a las fiestas a sus esposas y se jactan de ser parejas abiertas”, explica Chang, que ha estado involucrada en una investigación de casi dos años para escribir el libro Brotopia: Breaking Up the Boy’s Club of Silicon Valley.

Con la juventud y la fortuna sonriéndoles, muchos renuncian deliberadamente a tener una pareja fija y exhiben en las fiestas fotografías de las que consideran sus “trofeos” (así contemplan muchos “jefazos” de Silicon Valley a las mujeres).

En un Silicon Valley lleno hasta la bandera de “machos alfa” las mujeres lo tienen difícil para ganarse la confianza de los inversores, que prefieren depositar su dinero en empresas fundadas por hombres. Según un estudio, en 2017 se invirtieron 58.200 millones de dólares en startups lideradas por hombres, una cantidad que se redujo a apenas 1.500 millones de dólares en las empresas capitaneadas por mujeres.

Nadie obliga a las mujeres a participar en las desenfrenadas fiestas de Silicon Valley, asegura Chang. Aun así, a las féminas que declinan la invitación para este tipo de festejos se les cuelga inmediatamente la etiqueta de “aburridas”. Y si aceptan finalmente la invitación, se arriesgan a ser tildadas de “cazafortunas”.

“Muchos inversores ven a las emprendedoras no como empresarias sino como meros objetos sexuales”, apunta Esther Crawford, una de las pocas fundadoras de startups que se han avenido a ser citadas con sus verdaderos nombres en el libro de Chang.

Más duras aún son las palabras de la profesora Elisabeth Sheff, que está convencida de que las fiestas de Silicon Valley son “una forma de explotación sexual”. “Los hombres que allí participan piensan realmente que pueden mantener relaciones sexuales con cualquier mujer simple y llanamente porque son ricos”, apostilla.

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