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¿Tiene Europa "tecnofobia"?

Si Silicon Valley deja florecer las nuevas ideas, ¿por qué Europa se empeña en aplastarlas?

ideasCuando Hyperloop llega a nuestros oídos, emerge de manera casi instantánea un nombre en nuestra cabeza: el de Elon Musk. Sin embargo, detrás de esta tecnología, pensada para el transporte de pasajeros y mercancías en tubos al vacío a alta velocidad, no está sólo el bueno de Musk. El alemán Dirk Ahlborn es el CEO y fundador de Hyperloop Transportation Technologies y está dispuesto a hacer realidad una tecnología que parece directamente salida de una película de ciencia ficción (por absolutamente increíble).

Ahlborn regresó el pasado miércoles a su Alemania natal, donde participó en el congreso Deutscher Marketing Tag y dio un toque de atención a su “patria chica”, a la que echó en cara su hostilidad hacia las ideas verdaderamente rompedoras.

“Cuando un empresario presenta en Alemania un nuevo concepto o una nueva visión, lo primero que se le dice siempre es por qué lo tiene en mente no triunfará”, recalcó.

A juicio de Ahlborn, los medios, la política y la economía no están a este lado del Atlántico suficiente abiertos a las nuevas tecnologías. Por eso el CEO de Hyperloop apela a la autocracia, aquella en las que las decisiones están en manos de sólo unas pocas personas (o incluso un único individuo). Al cobijo de la autocracia las ideas lo tienen más fácil para prosperar, aseguró.

Nacido en 1976, Ahlborn se trasladó en 2010 a Estados Unidos, donde cofundó la plataforma Jumpstartfund. ¿El principio por el que se rige esta compañía? Los que así lo deseen pueden allí reunirse para desarrollar nuevas tecnologías mediante una atinada amalgama de crowdfunding y crowdsourcing.

Cuando en 2013 Elon Musk presentó en sociedad la idea de Hyperloop y anunció simultáneamente que no tenía intención de desarrollar él mismo esta tecnología, Ahlborn se convirtió en el particular “hacedor” del empresario sudafricano fundando la compañía Hyperloop Transportation Technologies.

Para reclutar talento a fin de convertir en realidad la primigenia idea de Musk, Ahlborn puso a los candidatos una curiosa (y la vez tentadora) oferta sobre la mesa: trabajar al menos diez horas a la semana en Hyperloop a cambio de opciones sobre acciones de la compañía.

Con tan singular método de reclutamiento Ahlborn ha reunido un equipo de más de 800 personas dispuestas a hacer realidad la tecnología que cambiará para siempre el transporte público (y que hará posible, por ejemplo, llegar de Los Ángeles a San Francisco en apenas 30 minutos).

Aunque a través de The Boring Company Musk ha vuelto a hincar el diente a la tecnología que en su día renunció a desarrollar por cuenta propia mediante Hyperloop One, la empresa de Ahlborn no tiene miedo del fundador de Tesla y tiene ya contratos con Ucrania, los Emiratos Árabes Unidos y China. Y su compañía ha firmado asimismo un acuerdo de colaboración con el puerto de Hamburgo para experimentar allí con Hyperloop.

En su intervención en Deutscher Marketing Tag, que se celebró esta semana en la ciudad de Hannover, Ahlborn habló con pasión (teñida de una buena dosis de marketing puro y duro) de su proyecto. En torno a Hyperloop hay no sólo una buena idea, sino mucho marketing (primorosamente ejecutado desde Silicon Valley, el valle más tecnológico y optimista del planeta).

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