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Slack o cómo evitar que el 28% de nuestra jornada laboral sea devorado por los emails

emailStewart Butterfield destila modestia por los cuatro costados. Y eso que tiene motivos de sobra para sacar pecho. Desde que hace dos años se sacara de la chistera la app enfocada a la comunicación en el universo corporativo Slack, este canadiense de 42 años está "casado" con el éxito. Nunca antes una aplicación se había propagado de manera tan rápida en el ecosistema empresarial. Nunca antes una startup había alcanzado en tan poco tiempo una valoración de 1.000 millones de millones.

En la actualidad Slack vale ya la friolera de 2.800 millones de dólares y su crecimiento está muy lejos de haber tocado techo. Aproximadamente 750.000 equipos dentro del universo empresarial le han pedido el divorcio al "latoso" email y trabajan ya única y exclusivamente con el software desarrollado por Butterfield.

“Es simplemente una locura que la gente se comunique a través de correos electrónicos en las empresas. En diez años nadie se comunicará por email”, asegura Butterfield en una entrevista concedida recientemente al semanario alemán Focus.

Los trabajadores invierten aproximadamente el 28% de su jornada laboral en escribir y leer emails. Y el 80% de ese tiempo es tiempo perdido, según un reciente estudio de la consultora McKinsey.

“Otro 20% de la jornada laboral se pierde buscando información relevante para la empresa. Y también este tiempo puede acortarse significativamente gracias a Slack”, señala Butterfield.

Slack entra en acción allí donde están los principales puntos flacos del correo electrónico. ¿La principal diferencia entre Slack y el email? Que en Slack “la comunicación es abierta para todos los trabajadores de una empresa o los miembros de un equipo de trabajo”, recalca Butterfield. Naturalmente en el ecosistema de Slack son también posibles los mensajes de carácter privado, pero lo verdaderamente relevante es que ninguna información realmente importante se pierde en bandejas de entrada que después nadie se molesta en revisar. “Cuando alguien plantea una pregunta y recibe inmediatamente una respuesta, todos los trabajadores se benefician, pues no hace falta responder a esa misma pregunta varias veces”, indica Butterfield.

La versión estándar de Slack es de carácter totalmente de gratuito. No obstante, la app dispone también de una versión de pago con aproximadamente 200.000 usuarios. Entre esos 200.000 usuarios hay empresas como Adobe o el diario The New York Times.

El fulgurante éxito Slack ha sido toda una sorpresa, pues al principio nadie creía en la bondad de la idea que sustenta a la compañía. El inversor Ben Horowitz calificó la idea de Butterfield de “atroz”, aunque finalmente, y en vista de lo “insignificante” de la cifra que le pedía el emprendedor para dar a luz a su proyecto, decidió apoyarlo. Dos años después a Horowitz no le queda más remedio que reconocer que se equivocó de medio a medio a la hora de valorar el potencial de Slack.

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