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Hollywood, en la encrucijada ante la entrada en escena de Sora

Sora, un prodigio que podría estallar en la cara a Hollywood (y ahorrarle también miles de millones de dólares)

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Las posibilidades que Sora alberga en sus entrañas para la industria del cine y la televisión son virtualmente infinitas, pero tales posibilidades son también oportunidades perdidas para otros.

Hollywood, cuyos actores y guionistas se declararon en huelga el año pasado allende los mares para defenderse de las embestidas (otrora más bien leves) de la inteligencia artificial (IA), tiene frente a sí un nuevo y fenomenal invento, Sora, que promete cambiar para siempre el paradigma por el que se rige la industria del cine y la televisión.

El futuro de la IA en el cine y la televisión fue un punto absolutamente clave en las negociones para poner fin a sendas huelgas, que desembocaron en unas pérdidas de casi 6.000 millones de dólares solo en Estados Unidos. Tanto los actores como los guionistas negociaron tenazmente con los estudios para evitar ser reemplazados por ChatGPT y compañía.

Sin embargo, aquello que tanto temían hace solo unos meses los guionistas y los actores está a punto de materializarse y hacerlo además a gran escala. Y la culpable de la hecatombe no es otra que la misma que ya contemplaban con sumo recelo hace un año: la IA.

La pesadilla de muchos de quienes se desenvuelven profesionalmente en la industria del cine y la televisión tiene específicamente un nombre: Sora. El revolucionario software de OpenAI para generar vídeos hiperrealistas con IA es capaz de alumbrar películas con solo una pequeñísima fracción del tiempo y el dinero habitualmente involucrados en las producciones audiovisuales al uso.

Algunos cineastas (que OpenAI está comenzando a cortejar) han hincado ya el diente a Sora y han tenido la oportunidad de ser testigos en primera persona de sus fenomenales prodigios. Es el caso de Walter Woodman, Sidney Leeder y Patrick Cederberg, que con la inestimable ayuda de Sora han creado un corto bautizado con el nombre de «Airhead» y protagonizado por un hombre que tiene un globo hinchable por cabeza.

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También ha tenido la ocasión de probar Sora el artista de realidad aumentada y realidad mixta Don Allen Stevenson III, que con la herramienta de OpenAI ha filmado un tráiler para un pseudodocumental que responde al nombre de «Beyond Reality» y por el que desfilan asombrosos híbridos de animales (jirafas y flamencos, por ejemplo).

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Las posibilidades que Sora alberga en sus entrañas para la industria del cine y la televisión son virtualmente infinitas, pero tales posibilidades son también oportunidades perdidas para otros. El productor Tyler Perry (Black Panther: Wakanda forever) tomaba, por ejemplo, hace poco la determinación de dar el alto a los planes para expandir su estudio de producción y lo hacía movido por la entrada en escena de Sora.

Imaginar todo lo que puede hacer Sora resulta inevitablemente tentador para los mandamases de Hollywood a los que OpenAI está tirando actualmente la caña. Con esta herramienta pueden crearse filmes, series y spots de altísima calidad sin necesidad de que haya involucrados actores y guionistas. Gracias a Sora desaparecen asimismo de la ecuación eventuales huelgas y la suspensión de los rodajes por malas condiciones climatológicas o por pandemias.

Hollywood, a caballo entre la cautela y la fascinación por Sora

Sora parece el sueño hecho realidad de todo productor de Holywood. Sin embargo, para lo que algunos es a bote pronto un sueño es para otros una pavorosa pesadilla. Al fin y al cabo, el uso de Sora a gran escala podría traducirse en despidos masivos en la industria del cine y la televisión y tales despidos lacerarían igualmente la reputación de los estudios que los acometen.

Está además en el aire la cuestión de si el público general aceptará realmente de buen grado las producciones audiovisuales nacidas de las entrañas de Sora y compañía. ¿Pueden los intérpretes de naturaleza sintética cautivar tantísimo a los fans como los actores de carne y hueso? Y aun cuando las películas generadas con IA fascinen inicialmente a los cinéfilos, ¿no terminará apoderándose de ellos la fatiga al ser confrontados con imágenes que responden siempre al mismo patrón?

¿Qué pasará si los guiones alumbrados con IA no funcionan después de todo y los estudios de Hollywood tienen que tender de nuevo la mano a los guionistas de carne y hueso?

En este nuevo escenario que se otea ya en el horizonte la industria publicitaria debe ser confrontada asimismo con unas cuantas preguntas. ¿Desean de verdad los anunciantes hacer «product placement» en las producciones audiovisuales generadas con IA? ¿Y si tales producciones son asaeteadas a críticas por parte del público? ¿No corren en este caso los anunciantes el riesgo de convertirse en víctimas colaterales?

No obstante, y pese a lo peliagudas que resultan inevitablemente todas estas preguntas, Hollywood (y también los anunciantes) se rendirán probablemente a los encantos de la IA. Sería muy naif pensar que no lo van a hacer.

Con todo, lo más probable es que Sora y compañía se abran paso en Hollywood solo de manera paulatina. Los estudios se tomarán la molestia de hacer experimentos antes de lanzarse de lleno a la piscina de la IA y utilizar esta tecnología de manera masiva en sus producciones.

Conviene en todo caso hacer notar que Sora no va a ser en modo alguno una herramienta gratuita para los grandes estudios cinematográficos. Si bien OpenAI no ha ofrecido aún detalles sobre el precio de este software, los expertos estiman que el acceso a esta herramienta de los estudios de Hollywood podría de ser de al menos seis cifras, una cantidad en modo alguno desdeñable que es en todo caso mucho menor que el dinero que se vuelca habitualmente en las producciones audiovisuales convencionales.

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