Digital

El fraudulento spoofing genera 1,7 millones de dólares al mes

Spoofing: la práctica más tóxica que envenena la publicidad digital

Cuando un anunciante compra un espacio en televisión para mostrar su marca puede estar preocupado por numerosos factores.

Por ejemplo, por si su gran desembolso de dinero desembocará en ventas, por si los telespectadores realmente han visto el anuncio o han aprovechado el intermedio para hacer zapping o para abrir la nevera o si la pieza ha sido de su agrado. Pero de lo que pueden estar seguros es de que su publicidad ha sido emitida.

Algo que no ocurre en el mundo digital en donde el "tanto pagas, tanto tienes" no es la tónica ni mucho menos habitual.

Así lo hace patente Mark Ritson en un artículo en The Australian, en donde expone un incidente que ocurrió con Financial Times. El medio fue víctima de la frustración de un anunciante que se mostraba enfadado con la pobre performance que había obtenido de su inversión programática.

“La marca pensaba que había comprado un hompage takeover durante ese día y esperaba más impacto”, explica Anthony Hitchings, digital advertising operations director de FT, aunque lo cierto era que “no había aparecido ni un solo anuncio”. Se trataba del fraude conocido como “spoofing” y que se ha vuelto una práctica común en el panorama programático.

Tras este episodio, Financial Times abrió una investigación y averiguó que había hasta 300 operadores fraudulentos ofreciendo anuncios falsos en su web a través de 15 plataformas diferentes de intercambio.

Y se trata de un negocio muy rentable que genera mensualmente 1,7 millones de dólares a costa de las inversiones de los marketeros.

Pero hay quizá un caso que adquiere una mayor relevancia y es el de Methbot, el mayor fraude de la industria que, ubicado en Rusia, es responsable de 200 a 300 millones de impresiones fraudulentas en vídeo al día, de entre 3 y 5 millones de dólares de ingresos fraudulentos diarios y de más de 1.000 millones de dólares anuales de ingresos por fraude en vídeo online.

Entre algunas de los 6000 premium publishers que replicaba se encuentran importantes medios Vogue, ESPN y Fox News.

Y, aunque algunos players del mercado, como Google, están poniendo esfuerzos en acabar con esta lacra, lo cierto es que la solución, que pasa por la colaboración de todas las partes, se encuentra todavía lejos de producirse.

En primer lugar, porque no hay certeza de que todas las plataformas se adhieran a un sistema común que garantice la legitimidad de los publishers pues, al fin y al cabo generan obtienen dinero de todo el inventario que venden, independientemente de si es real o no.

En segundo lugar, porque el fraude tiene una especial habilidad para ir siempre un paso por delante del buen hacer de la industria y como siempre ocurre, hecha la ley, hecha la trampa.

Así, ante este escenario y con la tecnología siendo un verdadero arma de doble filo para las marcas, el camino hacia la transparencia es todavía un sendero empedrado.

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