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Tabletas vs. libros electrónicos: una lucha por la supervivencia

Igual que hace cinco años, cuando algunos se aventuraron, erróneamente, a vaticinar el fin de los libros en papel, ha surgido ahora un nuevo tipo de catastrofistas que se unen a adivinar que el fin de los libros electrónicos está cerca. Igual que en su momento los libros en soportes electrónicos amenazaron la supervivencia de los libros impresos, ahora las tabletas están retando la existencia de los libros electrónicos. Qué ironía, el cazador cazado... Las cifras refuerzan las bases de los que creen que se acerca el fin de los libros electrónicos.

La consultora IDC publicó el pasado mes de noviembre un estudio sobre el crecimiento de las cifras de venta de tabletas durante el 2012. Las conclusiones son rotundas: la venta de tabletas Asus han crecido un 243% en un año y las de Samsung un 325%; Apple pierde este último trimestre cuota de mercado (ante el crecimiento de estas nuevas firmas), pero aun así mantiene un crecimiento de un 26,1% con una venta de 81 millones de iPads este año. Mientras, según las estadísticas anuales de la Asociación Norteamericana de Editores, la venta de libros electrónicos se estancó en las cifras de 2011.

Las tabletas van ganando terreno incluso en empresas que años atrás centraron sus ventas en los libros electrónicos y las razones son obvias. Bajo el argumento de adaptarse o morir, estas empresas están evolucionando a la vez que lo hacen las tecnologías y las demandas de los consumidores.

Los consumidores han comenzado a hacerse una sencilla pregunta que ha trastocado el mundo de la lectura digital. ¿Por qué voy a tener un libro electrónico si puedo tener una tableta? Ellos mismos tenían la respuesta en los catálogos de aparatos electrónicos en los que la publicidad anunciaba las ventajas de las tabletas a todo color. En un libro electrónico se pueden leer libros digitales. Pero nada más. En una tableta se pueden leer libros digitales, consultar los periódicos, actualizar los perfiles de las redes sociales, navegar por internet, trabajar, jugar con aplicaciones...

La balanza está demasiado inclinada, pero los acérrimos defensores del libro electrónico aún esgrimen poderosos argumentos. Uno, los libros electrónicos son más ‘saludables’, al no irradiar luz evitan el cansancio de los ojos y las jaquecas que sí provocan las pantallas de ordenadores, móviles y tabletas. Dos, son más pequeños y manejables ya que caben incluso en el bolsillo de la chaqueta. Tres, son mucho más fáciles de usar mediante botones limitados y acciones contadas. Cuatro, su precio se ha abaratado mucho en los últimos años y son más económicos que cualquier tableta.

Este último argumento puede que sea el más caduco, ya que con el desarrollo del mercado de las tabletas los precios han bajado y conseguir una de ellas se ha vuelto un simple deseo a Papá Noel.

Argumentos para ambas posturas no faltan. Sin embargo, los que pensaron en la muerte del libro en papel se equivocaron. Puede que los que ven en las tabletas los verdugos de los libros electrónicos también se equivoquen y que el futuro pase por la convivencia de todos los formatos en un abanico infinito de elecciones para consumidores cada vez más exigentes

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