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Tecnología para monitorizar el sueño, ¿avance u obsesión?

Dejando a un lado los asistentes personales diseñados como Alexa de Amazon, en el CES Las Vegas los protagonistas han sido los nuevos dispositivos inteligentes enfocados a la mejora del sueño.

Con la llegada de estos asistentes tecnológicos, ha crecido la demanda de diseñar el mayor número posible de objetos del hogar de uso cotidiano con un tinte tecnológico, para así poder crear conexiones entre ellos y digitalizarlos para poder controlarlos mediante el smartphone o el propio asistente gracias a controles de voz.

Por otro lado, la proliferación de los dispositivos móviles y la tecnología en general han supuesto un cambio en nuestras rutinas diarias perjudicando específicamente el sueño. Si bien depende de cada persona y del uso que haga del ello, son innegables las puertas abiertas que se le han dado a la tecnología, hasta terminar siendo lo primero y lo último que vemos al levantarnos y acostarnos.

Incluso están esas apps o wearables diseñados para monitorizar el sueño, metiéndose de lleno en la cama de sus usuarios. Pero últimamente se ha querido ir más allá en este tipo de dispositivos y software, haciendo de la experiencia de conciliar el sueño un momento “smart” más en nuestro día a día. El problema llega cuando la monitorización no es suficiente para solucionar un problema y para que los productos se vean renovados implementan diversas técnicas que terminan haciendo dudosa su efectividad; la mayoría no han salido al mercado.

Lo más llamativo que pudo verse en la feria de las Vegas fue la cama inteligente. Se trata de una cama conectada a distintos accesorios y al smartphone que puede programar alarmas, adaptarse a la postura, tratar de evitar los ronquidos cambiando de posición al usuario o calentar los pies.

A este futurista invento lo han llamado Sleep Number 360 y costará entre los 800 y los 7.100 dólares, según el tamaño.

A éste se le podría añadir Zeeq, la almohada inteligente que, conectada al smartphone, puede seleccionar voces para reproducir sonidos que ayuden a dormir al usuario. Su precio ronda los 249 dólares.

Y por último y para hacer la experiencia redonda, existe Neuroon, el antifaz inteligente. Integra sensores y se conecta al smartphone, transfiriéndole información biométrica que registra pulsioximetría, electroencefalograma, temperatura, pulso, saturación del oxígeno movimientos y fases del sueño. Todo ello por 299 dólares.

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