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Bob Hoffman critica la manera en que la industria se enfrenta a la tecnología publicitaria

Tecnología publicitaria: un fracaso de todos que nadie quiere ver

Tecnología publicitaria: un fracaso de todos que nadie quiere verEl pleno desarrollo tecnológico en la industria publicitaria ha cambiado de manera radical el mercado. Las máquinas, la inteligencia artificial y la automatización han roto barreras mejorando muchos ámbitos de trabajo, pero también empeorando otros.

Y es que si la tecnología ha traído consigo una mayor productividad, precisión y ahorro de costes, también ha generado grandes problemas para los marketeros en forma de fraudes. Aunque buscar culpables no es la solución, Bob Hoffman ha querido hacerlo esta vez a través de su blog Ad Contrarian.

El problema de esta encrucijada en la que se encuentra el sector, asegura, reside en “que vemos la tecnología moderna como una herramienta que nos ofrecer la posibilidad de hacer publicidad de una manera científica”.

Y nada más lejos de la realidad porque, mientras la ciencia se basa en el escepticismo, en la honestidad, en abordar las cuestiones desde la duda, la publicidad carece de todo esto. “Hace 10 años decidimos qué nos iba a ofrecer la revolución tecnológica. Y lo hicimos con mucha anticipación, pero sin hechos”.

Por este motivo, Hoffman hace una retrospectiva comparando todas esas promesas que los expertos realizaron hace una década y la realidad actual en la que vivimos.

“Nos dijeron que la tecnología, concretamente la recolección de datos, nos permitirían producir una publicidad basada en los intereses personales y comportamientos de los individuos haciéndola más relevante y efectiva”, explica.

Sin embargo, la mayoría de los estudios sobre la actitud de los consumidores indican exactamente lo contrario, que “la publicidad online es vista de manera general como la menos fiable, la que menos gusta, la menos relevante y la más molesta”.

En segundo lugar, “nos dijeron que la tecnología nos permitiría generar engagement en los consumidores como nunca antes a través de los canales sociales que abrirían líneas de comunicación que los consumidores considerarían atractivas y les conduciría a unirse a la conversación sobre las marcas”.

Esta idea es, en sus palabras, “una fantasía” que se reafirma en el hecho de que Facebook solo muestra páginas de marcas al 1% de sus seguidores. En su lugar, “se ha convertido en el mayor distribuidor de publicidad display pagada”.

Finalmente, afirma, “nos dijeron que la compra digital de medios sería más eficiente gracias a la tecnología” pero “el desperdicio de dinero en publicidad online se cifra en 16.000 millones de dólares solo este año por culpa del fraude”.

Esta situación no hace más que evidenciar que la tecnología publicitaria y la ciencia nada tienen que ver porque “para un científico con integridad, la honestidad es más importante que el ego. Un científico persigue la verdad, no demostrar que está en lo cierto. Si nuestra industria estuviese liderada por personas íntegras en vez de por presuntuosos, podríamos haber corregido esto hace mucho tiempo”.

Sin embargo, “la tecnología nos ha encandilado, pero hemos decidido ignorar sus lecciones porque no confirmaban nuestras expectativas”. Y todo ello ha conducido a que el director de marca del mayor anunciante del mundo diese la espalda a la publicidad online y a que el fraude del social media llegase a la portada de The New York Times.

Aunque también admite que esto no quiere decir que la tecnologíano tenga nada que ofrecernos, pero “hasta que la industria no comience a ser honesta sobre lo que hemos aprendido, nuestro negocio seguirá envenenado. Porque el problema no es la tecnología, somos nosotros”.

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