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Por qué la teoría del "internet muerto" podría ser profética después de todo

El "internet muerto", la teoría conspiranoica (y quizás profética) que podría hacerse muy pronto realidad

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Durante mucho tiempo la teoría del “internet muerto” fue contemplada por muchos como un auténtico disparate, pero con el paso de los años esta teoría es cada vez menos conspiranoica y cada vez más profética.

Desde hace ocho u siete años hay una teoría que tiene afanados (y obsesionados hasta el tuétano) a quienes se desenvuelven en círculos aficionados a la conspiranoia. Esa teoría es la denominada teoría del «internet muerto». Y quienes la defienden argumentan que el contenido orgánico y generado por seres humanos de carne y hueso que nutrió a las webs más primigenias allá por los años 90 y 2000 está siendo reemplazado por contenido de naturaleza sintética, que sería actualmente el dominante en la red de redes. Según esta teoría, internet estaría «muerto» porque el contenido que la mayor parte de los usuarios consumen en sus dominios no lleva ya la rúbrica de seres humanos sino de máquinas.

Quienes respaldan la teoría del «internet muerto» aseguran además que la transición del contenido generado por humanos al contenido generado por máquinas en la red de redes social estaría siendo propiciada adrede por gobiernos y grandes corporaciones para poder así manipular a su antojo a la opinión pública.

Durante mucho tiempo la teoría del «internet muerto» fue contemplada por muchos como un auténtico disparate, pero con el paso de los años esta teoría es cada vez menos conspiranoica y cada vez más profética, afirma Michael Grothaus en un artículo para Fast Company.

Y aunque la suposición de los gobiernos y las grandes corporaciones han forjado presumiblemente una alianza para eliminar el contenido generado por humanos en internet y reemplazarlo por contenido artificial sigue resultando a todas luces descabellada, el resto de la teoría resulta cada vez más inquietantemente plausible.

En los años 2010, cuando emergió por primera vez la teoría del «internet muerto», los bots eran cada vez más prevalentes en las plataformas 2.0 y ello dio pábulo a la hipótesis de que el contenido nacido del vientre de seres humanos de carne y hueso podría superar en algún momento en número al contenido de origen sintético.

Sin embargo, lo que por aquel entonces parecía imposible (porque los bots de la vieja escuela estaban, al fin y al cabo, a merced de no pocas limitaciones) se ha tornado hoy en perfectamente factible con la entrada en escena de la inteligencia artificial (IA).

Desde que ChatGPT irrumpiera como un elefante en una cacharrería en nuestras vidas a finales de 2022, esta herramienta está siendo profusamente utilizada para generar contenido que termina siendo volcado en internet. Plataformas como Instagram, Facebook, Twitter, YouTube y TikTok están, por ejemplo, absolutamente infestadas de fotos y vídeos generados con IA.

El auge del contenido sintético ha sido particularmente notable en TikTok, donde muchos de los vídeos que allí pululan llevan la rúbrica de la ubicua IA, que está involucrada a menudo tanto en el guion como en la narración y en las imágenes.

Muchos se refieren a este tipo de contenido como «AI slime» porque está enfangando supuestamente las redes sociales («slime» significa fango en inglés). Pero lo peor del contenido sintético no es tanto su calidad (a menudo deficitaria) como el hecho de que muchos (sobre todo los internautas más talludos) son incapaces de diferenciarlo del contenido real.

Conviene además hacer notar (y este es un dato en modo alguno baladí) que muchas de las cuentas que en las redes sociales publican «AI slime» generan «engagement» apoyándose en otras cuentas que parece igualmente a merced de la IA. Y esto es una muy mala noticia no solo para los usuarios de las plataformas 2.0 sino también para los anunciantes. ¿Qué sentido desembolsar dinero en publicidad para emplazar anuncios junto a contenido generado por IA cuyas interacciones son espoleadas sobre todo y ante todo por cuentas de origen sintético?

El contenido sintético parece abocado a ser omnipresente en las redes sociales

La mayor parte de las redes sociales han reaccionado horrorizadas ante el copioso torrente de «AI slime» que desemboca en sus dominios porque se supone que los usuarios (humanos) abjuran de este tipo de contenido. Sin embargo, algunas plataformas parecen interesadas en poner ojitos al «AI slime».

De acuerdo con The Information, TikTok (que tiene la vitola de ser uno de los mayores repositorios de “AI slime), estaría explorando la posibilidad de lanzar influencers virtuales que competirían directamente con los creadores de carne y hueso para ganarse los favores (publicitarios) de los anunciantes. De este modo, las marca evitarían pagar cheques de cinco y seis cifras a los influencers humanos para apostar en su lugar por los prescriptores virtuales (presumiblemente mucho más económicos) de TikTok.

Con la ayuda de la IA, TikTok sería capaz de generar guiones para anuncios en formato en vídeo en base a «prompts» suministrados previamente por el anunciante, a quien se proporcionaría también un influencer virtual generado con IA para que protagonice su publicidad.

TikTok no es en todo caso la única red social que parece dispuesta a dar la bienvenida en sus dominios a aún más contenido generado con IA. Según The New York Times, Instagram habría comenzado a probar un programa que permitiría a los influencers más populares de la red social metamorfosearse en chatbots propulsados por IA para poder interactuar con sus seguidores (o fingir más bien las interacciones con ellos).

El hecho de que TikTok e Instagram hayan decidido espolear aún más el contenido generado por IA en sus respectivas plataformas demuestra que la teoría, otrora más bien demente, del «internet muerto» ya no es definitivamente tan improbable.

Los bots no pueden por sí solos producir cantidades de contenido tan ingentes como para reemplazar todo el contenido humano, pero la IA sí está en disposición de hacerlo. De hecho, un informe publicado en 2022 por Europol sugería que en 2026 el 90% del contenido online podría ser de origen sintético.

Si la teoría del «internet muerto» termina trocándose en cierta, los seres humanos se verían obligados por primera vez en varias décadas a despegarse de los brazos de internet y zambullirse en el mundo para interactuar con sus semejantes. Y ese efecto colateral sería sorprendentemente positivo en medio de tanto discurso catastrofista.

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